PALENCIA, SANTA MARÍA LA BLANCA DE VILLALCÁZAR DE SIRGA.

La iglesia de Santa María La Blanca, se conoce también como “Santa María de Lto, por ser este el nombre de la localidad hasta el siglo XVII. Es un templo-fortaleza empezado a construir a finales del siglo XII, en la transición del románico al gótico, y terminado en el siglo XIV. Hito del Camino de Santiago, del que ha sido uno de sus centros religiosos más importantes, vinculado a la Orden del Temple; se insinúa que Manuel Azaña, presidente de la Segunda República, dispuso restaurarla, pues reviste un gran interés artístico, siendo los elementos más destacados, la colección de sepulcros policromados en el interior, góticos de los siglos XIII y XIV, el retablo mayor, también gótico, de los siglos XV y XVI y el conjunto escultórico de la portada, protogótico del siglo XIII.

El topónimo de Villalcázar de Sirga hace referencia a tres palabras; villa, porque fue señorío desde el siglo XIII, siendo su primer señor Don Gonzalo Rodríguez Girón, personaje muy influyente en la corte del rey Fernando III El Santo; Alcázar, porque evoca al gran castillo que tenía la Orden del Temple en estas tierras y sirga porque quiere decir sendero o camino, en alusión al Camino de Santiago.

Un templo que hoy nuestros ojos pueden disfrutar, gracias a que los Templarios fundaron en esta localidad una de las 28 encomiendas que tuvo la orden en la corona de Castilla por 1307, y única en Palencia de esta comunidad.

El edificio es de sillería, construido a finales del siglo XII y principios del XIII. En la actualidad la iglesia carece de portada en su fachada occidental, como sería lo usual y conocida como Puerta del Ángel , destruida tras el derrumbe de un tramo de siete metros de longitud como consecuencia del terremoto de Lisboa en 1755; tras lo que en 1888, se optó por levantar el simple muro desnudo que hoy contemplamos de testero plano, en el que se aprecian los arcos formeros de las naves, y sobre el que se han colocado cinco esculturas a modo de acróteras.

Desde 1890 las figuras que coronan la parte superior de este muro son: de izquierda a derecha, abriendo el conjunto, Alfonso X, Santo Ángel, San Abraham, San Agustín, y cerrándolo Doña Violante, esposa de Alfonso X.

En el lado oriental, al exterior se advierten el testero plano que componen los tres ábsides centrales con sus respectivos ventanales góticos.

 

En esta parte norte del templo se inició, durante la misma centuria, lo que iba a ser una gran torre, de la que al parecer solo se construyó el primer cuerpo, y que posteriormente se derrumbó. Allí se conserva un garitón y una puerta de acceso, también gótica, con un arco ojival que carece de ornamentación. 

En el lado sur se abren una portada monumental protegida por un pórtico, donde también destaca la portada de la Capilla de Santiago haciendo esquina.


El vano de entrada consta de arco apuntado y cinco arquivoltas figuradas, decoradas con 51 figuras que representan ángeles, santos, clérigos y otros personajes con instrumentos musicales, apeadas en capiteles con decoración vegetal y jambas lisas. 








Se corona el hastial con un doble friso de figuras bajo arquillos. El superior con una visión de la Gloria aún con rastros románicos.


Un Pantocrátor rodeado del Colegio Apostólico, en la Jerusalén Celeste y el Tetramorfos, con los cuatro evangelistas representados por su respetivo símbolo, lo acompañan dos cabezas añadidas posteriormente; probablemente procedentes de la desaparecida y anteriormente mencionada, Puerta del Ángel. 


A la derecha del todopoderoso, en tercer lugar, está la imagen de Santiago representado como peregrino, sugiriendo ser un lugar de peregrinación.


El apostolado del friso superior está incompleto por las reforman sufridas en el templo en el siglo XIV. Pudiendo contemplar, seis discípulos a cada uno de los lados del pantocrátor, cuatro de frente y dos en el ángulo. Otros cuatro a la izquierda, más dos desaparecidos en el ángulo que forman con la capilla de Santiago.



El friso inferior está dedicado a la Asunción de la Virgen BlancaAparece pisando al dragón, que indica la destrucción del maléfico, según tipología que se repite en el interior.  


Flanqueada por figuras relacionadas con la Anunciación, al lado izquierdo de la Virgen, San José, el ángel Gabriel y la propia María, aunque algunos consideran que es su madre, Santa Ana.


A su lado derecho están, según unos, los tres Reyes Magos , y según otros, tres reyes castellanos, que bien pudieran ser Sancho IIIAlfonso X y Fernando IV, llamado el Emplazado o Juan I, según otros. Sería como un símbolo del Rey Sabio que entrega sus Cantigas a Santa María.


Sobre el arco apuntado de la portada se observa un escudo sin cuartear y con cuatro flores de lis rodeando un gallo, expresión del Señorío que adoptó D. Rodrigo Girón.

La portada lateral y adyacente al este que comparte rincón con la anterior y da acceso a la Capilla de Santiago, viene a ser una copia de la primera, pero de dimensiones más reducidas. Presenta ésta, tres arquivoltas y 25 figuras. Se interpreta que por esta accedían los caballeros de la Orden de Santiago para asistir a los oficios litúrgicos.

Este espacio interior, está iluminado por un bello rosetón que inunda de luz la nave del transepto.


Se cubre con bóveda de crucería con terceletes arqueados, apeada sobre ménsulas que llevan inserto el escudo y cruz de la Orden de Santiago .

La Capilla de Santiago acoge tres sepulcros góticos. 

En uno reposan los restos del infante Felipe de Castilla y Suabia (hijo de Fernando III el Santo y hermano de Alfonso X el Sabio) fallecido en 1274, que forma pendant con el sepulcro de Inés de Guevara, su segunda esposa.

Cuando el infante Felipe contrajo matrimonio, en segundas nupcias, con Inés de Gevara, su segunda esposa, deciden que sea sepultada a su lado, en Villalcázar de Sirga. Se encontraba ya viudo de su primera mujer, la  princesa Cristina de Noruega, (hija del rey Haakon IV de Noruega), fallecida en Sevilla en 1262, aunque inhumada en un sepulcro gótico, en el claustro de la Colegiata de COVARRUBIAS (enlace a nuestra publicación), del que el infante había sido abad. Contrajo un tercer matrimonio con Leonor Rodríguez de Castro que le sobrevivió en un año, y de la que tuvo un hijo muerto en la infancia enterrado junto a su madre en el Convento de San Felices de Amaya, en Burgos; hoy en estado ruinoso.

Son obras «paradigmáticas», excepcionales y de las más ricas y destacadas de su época, ya que se trata de dos sepulcros «exentos ricamente ornamentados y policromados», cuya realización ha de situarse en el último cuarto del siglo XIII. La semejanza de ambos demuestra que fueron realizados al mismo tiempo o con «poquísima diferencia». Tradicionalmente se ha señalado que fueron labrados por Antón Pérez de Carrión, del taller de Carrión de los Condes, autor de otros sepulcros en el monasterio de Santa María la Real de Aguilar de Campoo y de otros en el monasterio de San Zoilo.

Ambos, semejantes en lo que a forma e iconografía se refiere, muestran la representación en relieve de los difuntos en pose yacente, ricamente ataviados y enmarcados por dos columnillas con capiteles que sujetan un dosel con castilletes sobre su cabeza, apoyada en tres almohadones (característica de personajes de elevada categoría social), se apoyan sobre dos grifos centrales y cuatro leones en las esquinas, que denotan el carácter real de los enterramientos.

Estas maravillosas urnas funerarias son dos monumentos capitales en la historia del arte funerario español, estando esculpidas en ellos las ceremonias religiosas y familiares de los entierros principescos de la Edad Media, constituyendo un valioso documento para el estudio de las costumbres, los trajes, los muebles, la panoplia, los arneses y la heráldica del siglo XIII.

El sepulcro de don Felipe contiene la «más antigua representación», en tierras castellanas, del cortejo fúnebre de un noble, a lo que hay que añadir que, al haber sido secuenciado el cortejo en los cuatro lados del sarcófago, constituye por ello también una novedosa aportación en cuanto a escultura funeraria castellana se refiere. Destaca también, debido a su extraordinario «valor artístico intrínseco» por su contenido político, al visualizar de forma plástica la actitud de disidencia y confrontación política que el noble protagonizó contra la política de reafirmación del poder monárquico encabezada por su hermano, el rey Alfonso X el Sabio.

Sobre la tapa del sepulcro aparece colocada la estatua yacente que representa al infante y mide 2,17 metros, lo cual se asemeja a la realidad histórica del difunto representado, pues en 1897, cuando fue examinada la momia del infante, pudo advertirse que su estatura rozaba los dos metros de altura, por lo que en vida debió medir más de dos metros. Este, con rostro afeitado, lleva el bonete ornamentado utilizado por la realeza y viste bata interior azul, túnica granate con castillos y águilas y manto real rodeado de una cenefa con los mismos motivos heráldicos, sujeto en el pecho con trabillas y cordones de policromía gastada. Tiene los brazos sobre el pecho, empuñando la espada con la mano derecha en alusión a su condición militar e invertida como signo de disputa manifestando la insolencia hacia su hermano Alfonso. y sosteniendo un halcón con la izquierda en alusión a la cetrería, práctica popularizada en Castilla por Beatriz de Suabia y Alfonso X que, junto a la montería, eran privilegio exclusivo de la nobleza. Cruza la pierna derecha (mutilada) sobre la izquierda (lo que al parecer era un privilegio papal del que disfrutaban los caballeros que habían participado en una guerra de cruzada, aunque este no fuera el caso concreto del infante), y a sus pies aparece un perro (sepulcro de la Corona de Castilla conservado más antiguo en el que aparece este animal) junto a dos conejos.

Los flancos de la lauda están recorridos por motivos heráldicos en los que se alternan los blasones familiares con cruces rojas de los templarios, símbolo de la relación del infante con la Orden del Temple, uno de sus grandes benefactores, quizá como agradecimiento al refugio que le brindaron durante sus enfrenamientos con su hermano, el rey Alfonso X. La repetición del escudo del infante en el sepulcro (en total, en el sepulcro aparecen esculpidos 45 escudos, de los que 23 son las armas del infante, mientras que los 22 restantes son los de la Orden del Temple), así como el epitafio grabado en él (El año 1312, de la era cristiana, en las calendas del mes de Diciembre, vigilia de San Saturnino, murió el Infante Felipe, varón nobilísimo, hijo del Rey D. Fernando, cuya sepultura está en Sevilla, cuya alma, descanse en paz. Amén. El hijo pues yace aquí, en la Iglesia de Santa María de Villasirga, cuya alma sea encomendada al Dios omnipotente y a todos los santos. Digan todos un Padrenuestro, etc. Ave María, etc.), pretenden resaltar su condición de «hijo de rey», al tiempo que minimiza su condición de «hermano de rey», así como la oposición hacia la política de Alfonso X de reforzamiento de la autoridad de la Corona en detrimento de la nobiliaria.

Tanto la cubierta o tapa como la caja sepulcral están adornados con relieves, esculpidos a finales del siglo XIII, en los que las escenas se van sucediendo insertas en una serie de arquillos lobulados, entre los que aparecen torrecillas almenadas intercaladas desde las que un grupo de personas aparecen contemplando las escenas que se desarrollan a sus pies.

En el primer grupo de figuras esculpidas, que se halla colocado en la cabecera del sepulcro, aparecen representados los últimos momentos del infante Felipe de Castilla, recostado en su lecho y acompañado por su esposa cogiendo la mano de su esposo, dos religiosos, una dama, un magnate, y dos figuras más, una de ellas juvenil, que únicamente muestran sus rostros. 

En el segundo aparecen ocho plañideras, vestidas con túnicas y ropones.

El tercero muestra a la viuda del infante, montada a caballo, y llevando ropas de luto y tocas, y dos damas junto a ella con hábitos monacales.

En el cuarto grupo se exponen tres caballeros que preceden a la viuda del infante.

El quinto grupo revela el féretro del difunto infante, conducido por tres escuderos vestidos con túnicas y capas. Detrás de los tres escuderos, otros tres les siguen como relevo.

En el sexto aparecen tres escuderos a caballo. Las monturas llevan gualdrapas carmesíes, mientras que los escuderos, que van vestidos de blanco, portan sus escudos vueltos del revés, en señal de luto. En el mismo grupo se muestran dos pajes vestidos con túnicas.

El séptimo, a los pies de la caja, aparece una mezclada escena con el caballo de batalla del infante Felipe, su portaestandarte, dos heraldos y los trompeteros. El caballo del infante(con la cola recortada siguiendo una antigua tradición castellana), que aparece portando el escudo del difunto vuelto del revés, aparece engalanado con dos mantillas, una de color azul, y otra de color verde. En el tercio posterior del caballo aparecen, sobre una gualdrapa, castillos y águilas, emblemas heráldicos que componían el escudo del infante Felipe.

En el octavo grupo aparece un heraldo portando el pendón del infante. En el grupo noveno aparecen representadas la viuda del infante, dos de sus damas de honor, dos plañideras, y las dueñas de la viuda.

En los grupos décimo y undécimo se muestran religiosos de cuatro órdenes diferentes: franciscanos, agustinos, benedictinos y cistercienses, estos últimos aparecen encapuchados y con sus peculiares o «características mangas».

El último muestra los responsos finales pronunciados junto al féretro del infante. Alrededor del féretro aparecen prelados, abades, sacerdotes y sirvientes, mientras que el oficiante de la ceremonia aparece revestido con capa pluvial. Mientras, dos sirvientes se disponen a cerrar el féretro.

La mayor parte de la capa o manto del infante Felipe de Castilla se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, después de que en el año 1844 fuera llevada al Palacio Real de Madrid por orden de la reina Isabel II junto con otra serie de restos textiles procedentes de los sepulcros del infante y de su esposa.

El sepulcro de Inés, algo más pequeño que el de D. Felipe, posee una mayor «dimensión escatológica» que el de su esposo, ya que este destaca por el carácter más profano o «mundano» de sus pasajes. Está compuesto por una sola caja con su cubierta o tapa, y carece de elementos ornamentales tanto en la caja sepulcral como en su tapa en las zonas de la cabeza y de los pies.

Una orla de escudos rodea la urna y su tapa, donde se halla la estatua yacente de dos metros de longitud, que representa a la difunta y que aparece vistiendo unos interesantísimos ropajes que se componen de «rica túnica, alta tiara con barboquejo, que oculta toda la boca y barbilla, al modo mahometano, y manto con fimbria labrada con los mismos escudos que el sepulcro. Un pimiento en su mano izquierda, según algunos autores,​ o un corazón según otros,​ por lo que en opinión de algunos eruditos parece ofrecer su corazón al difunto infante, en una «póstuma declaración de amor». o un «ruego póstumo por la salvación de la atormentada alma de don Felipe».

En los lados de la tapa dos largas cintas muestran los escudos de armas del infante Felipe y los de la Casa de Girón, así como en los laterales del arca sepulcral, ​ por lo que en el sepulcro de Inés hay cuatro clases de escudos diferentes: los dos de su propia familia, que son los de Guevara y Girón, los de su esposo, el infante Felipe, y la cruz roja del Temple.

En los laterales del arca sepulcral, varios relieves muestran el sepelio de la difunta, tal y cómo se realizaba en aquella época. El asunto se desarrolla de modo distinto; aquí el artista dispuso la obra en dos grandes grupos encuadrados por arquillos lobulados, como en la del infante, pero el asunto principal ocupa el centro de la línea en cada uno de los costados. 

Doña Leonor se ve tendida sobre la urna cubierta con manto granate; la cabeza, tocada al modo oriental, reclinada sobre tres almohadones. Rodean la tumba varias figuras, una joven orante, un caballero con manto granate, dos pajes, etc. Encima, dos ángeles llevan sobre un sudario el alma de la difunta al cielo. Siguen un prelado, acólitos, un templario, el ayo o preceptor con la niña, futura infanta, a la que acaricia, tres damas, pajes, dueñas, plañideras y sirvientes.

En el costado opuesto, se ve el féretro, cuatro prelados, incluso el oficiante, acólitos y servidores. En el grupo siguiente, un abad mitrado y religiosos, cuatro benedictinos y otros tantos templarios, un mayordomo con dos pequeñuelos y una figura alegórica del dolor. En la parte de la cabecera, tres grupos de religiosos agustinos, franciscanos y cistercienses.

Los sepulcros del infante Felipe y de su segunda esposa (probablemente los mejores del primer gótico en España), estuvieron colocados en el pasado en el coro del templo, hasta que la Comisión de Monumentos de la provincia decidió trasladarlos a la capilla de Santiago del templo en 1926, donde permanecen en la actualidad. A consecuencia del Terremoto de Lisboa de 1755, la iglesia de Santa María la Blanca sufrió gravísimos daños y también los sepulcros.

El tercer sepulcro, correspondiente al caballero santiaguista D. Juan Pérez o Juan de Pereira ya se encontraba originalmente en la capilla de Santiago (algunos autores le atribuyen ser promotor de esta capilla). Es posterior, del segundo cuarto del siglo XIV, y su decoración es mucho más sobria y estilo mucho más sencillo. El difunto se representa también en bulto yacente, que reposa sobre almohadones, bajo el cual hay desarrolladas una serie de elementos heráldicos e iconográficos. En la zona de la cabecera nos encontramos la escena de la Coronación de la Virgen y el Calvario, mientras que en los pies está representado Cristo en majestad junto con un orante.

En la misma capilla admiramos un alabastro renacentista de Santiago de extraordinaria calidad, atribuido a Manuel Álvarez y procedente de la ermita de Nuestra Señora del Río.

Se emplazan en este espacio también varias imágenes góticas de la virgen Santísima a quienes el pueblo denominan “Las Blancas”

Entre ellas, una mutilada del siglo XIII, sedente, con el Niño en brazos y acompañada por ángeles turiferarios, la Virgen de las Cantigas, anteriormente llamada Virgen de Villasirga. Alfonso X el Sabio, menciona a la Virgen Blanca en las Cantigas, inspirándose en ella para componer catorce de sus Cantigas a Santa María, entre 1270 – 1287. Su hijo Sancho IV, que lo visitó en peregrinación en varias ocasiones con motivo de la Semana Santa, o para hacer penitencia ante la Virgen de Villasirga, alcanzando tal preponderancia económica y religiosa, que modificó la ruta compostelana para convertirse en uno de los centros marianos más importantes del Camino, llegando incluso a rivalizar con el propio Santiago, pues el favor que no había sido obtenido del santo podía conseguirse con esta Virgen a la vuelta. 


Se estima que la original ésta en el retablo de la Capilla Mayor, y que pudo estar ubicada en el parteluz de la desaparecida Puerta del Ángel. 

La segunda del mismo lado, mas al fondo, aparenta aventajar en antigüedad a la anterior, que dicen ser del siglo XIV. Es también de piedra pero va erguida recta con aire de majestad. Coronada y con toca como la anterior, tiene bata blanca y manto azul que sujeta con un dedo de la mano derecha, mientras que con la mano izquierda y sujetando un libro, ciñe a su cuerpo el regio manto salpicado de estrellitas. 

La tercera, que se ve al lado opuesto, es también de piedra, más grande y corpulenta que la anterior, va vestida casi como aquella, pero lleva en el brazo izquierdo al infante de rostro graciosamente risueño, le falta el brazo derecho y se dice que solo Amberes tenía otra igual

La cuarta y última, no tiene valor alguno, ni artístico ni histórico. Fue fabricada en yeso para sustituir a Ntra. Sra. de Villasirgar en el altar mayor, pues el mucho peso de ésta y el lamentable estado del bastidor en que iba montada, podía dar en tierra el conjunto. Instalada de nuevo Ntra. Sra. de Villasirga en el altar mayor, la de yeso ocupó el pedestal de aquella en la capilla.

También perteneció a esta capilla el retablo de Santiago, fechado hacia 1530 y realizado por Cristóbal de Herrera, que en la actualidad se encuentra en el transepto del Evangelio. Presenta predela y tres cuerpos de tres calles con una talla central de Santiago Peregrino obra de Juan de Valmaseda y pinturas sobre la vida del santo según el Códice Calixtino, con la Predicación del Apóstol, la Decapitación y el Milagro de los bueyes.




El cuerpo de la iglesia lo forman tres naves, doble de ancha y más alta la central, separadas por recios pilares con dobles columnas en sus frentes y cubiertas por bóvedas de crucería, simple en las adyacentes, sexpartita en la nave y octopartita en el crucero, con una variada y rica decoración en sus capiteles.









En la nave central, como es lo habitual, se sitúa el retablo mayor que integra piezas y elementos realizados en diferentes épocas.

La parte más antigua es el Calvario que lo remata, tres artísticas tallas góticas (Crucificado, Santa María y San Juan), de hacia 1300. 

Sus 27 cuadros, representan santos, escenas hagiográficas, pasajes evangélicos, y se distribuyen en una mazonería de tres cuerpos más banco, cuatro calles y dos entrecalles, con guardapolvos perimetral.

La quinta calle, en el centro, está ocupada por una hornacina que acoge a la venerada Virgen de Villasirga, Santa María la Blanca, talla gótica del siglo XIII en la que la Virgen se muestra sedente y con el Niño en brazos. Un doselete con largo chapitel cubre la imagen.

 Cuando en el siglo XVI se rebajó la altura del presbiterio, se añadió al retablo una predela adicional a modo de sotabanco, obra renacentista de entre 1560 y 1570. Esta parte escultórica es atribuida a Manuel Álvarez, con policromía de Francisco de Carracejas. 


El conjunto tardogótico que puede observarse en la actualidad, es el resultado de restauraciones y reformas realizadas en 1945-1946. Se desarmó la estructura y se volvió a armar, variando la situación de las tablas e integrándolas en una nueva mampostería, las de la calle central son de factura moderna, el doselete central que acoge  la talla de la virgen, su chapitel, las cresterías caladas que separan los cuerpos y los escudos heráldicos de los guardapolvos, flanqueada por tablas hispano flamencas fechadas entre fines del siglo XV y comienzos del XVI atribuidas al maestro Alejo, un pintor local, con fuertes influencias de Berruguete, aunque otros autores identifican, por lo menos, dos manos, quizá obra de un taller.

En el centro un Sagrario de 1639. A continuación se ubica el primitivo banco, con los profetas Isaías y Malaquías en los extremos, enmarcando escenas de la Vida de la Virgen y de Cristo, con la Anunciación, la Visitación, la Natividad, la Asunción, la CircuncisiónJesús entre los doctores y Cristo gloriosoDe izquierda a derecha y de abajo a arriba, en el primer cuerpo, aparecen San Pedro, muy deteriorado, la Crucifixión, la Resurrección, la AscensiónPentecostés y San Andrés. En el segundo cuerpo nos encontramos con San Juan Bautista, la Oración en el Huerto, la Flagelación, la Coronación de espinas, el Encuentro con la Verónica y San Primitivo, tabla también muy deteriorada. Y en el tercer cuerpo se suceden el Éxtasis de san Francisco, la Imposición de la casulla a san Ildefonso, la Comida en casa del fariseo, la Visita de Cristo resucitado a su madre y San Benito


Cuando se desmantelo el retablo en 1945-1946, a gran altura detrás del altar se encontró una piedra votiva con un relieve. En la parte superior se encuentra una inscripción muy erosionada y poco legible, pero inclina a creer que se trata de un caballero de la orden de Alcántara, Orden que se llamó del Pereiro o del peral por ser comprimida en San Julián del Pereiro.

Viste el jinete túnica azul y  franjas de color purpura, lleva desnuda la pantorrilla izquierda y del cuello pende una cinta carmesí con un escudo tallado, como la mantilla y la gualdrapa, simbolizando un árbol semejante al del escudo. El jinete parece acariciar al equino.



Frente a él se ve una dama, con tocado sujeto por varias cintas en barbuquejo, manos sobre el pecho en actitud suplicante, túnica hasta los pies graciosamente plegada, manto sujeto al pecho por pasador con cintas sobrepuestas, tiene el rostro afligido, sin duda por la despedida del caballero.

En el Retablo Mayor anteriormente se exponía un  relicario-expositor en forma de brazo con la reliquia de San Fructuoso, hoy colocado bajo un cuadro con la  imagen del santo.


Como consecuencia de unas obras realizadas aparecieron, de forma casual, diez cantorales y un breviario que datan de los siglos XVI y XVIII. Estos cantorales están escritos en pergamino y a dos tintas (roja y negra), estando plasmada la música gregoriana en pentagramas. Las tapas son de madera y están forradas con piel repujada y sus lomos son de cuero.  

Su testero recoge la cabecera con cinco capillas absidiales, las tres centrales de testero recto y las dos laterales de planta poligonal. Las dos capillas del Evangelio son: la Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles o de San Isidoro, esta última advocación ya del siglo XX; y la capilla de la Virgen del Rosario, con un retablo renacentista de 1570 y tallas de los siglos XVI y XVIII, tablas pintadas por Francisco de Carracejas.

Frente a la representación, una Pila Bautismal decorada con gajos, del siglo XVI, procedente de la capilla  de San Pedro, trasladada el año de unificación de las tres feligresías. Probablemente también proceden de San Pedro las pilas aguabenditeras, de capiteles vaciados.

En cuanto a las capillas de la Epístola en la cabecera son: la Capilla de Nuestra Señora de la Paz o de la Inmaculada, con un retablo del primer tercio del siglo XVIIy la antigua Capilla de San Juan, que en la segunda mitad del siglo XVI se convirtió en sacristía. Recogida por una imagen del arcángel Miguel sometiendo al dragón, y en la basa de los capiteles que lo sostiene, su escocia está adornada por una figura femenina en posición acostada, a quien el maligno intentada subyugar.


En los cuatro pilares del crucero se ubican sendas esculturas de bulto con la Anunciación, y los santos Pedro y Pablo. San Pedro tiene por repisa dos gallos y San Pablo un león, todos están cobijados por un capitel gótico. 

En el primer pilar del Evangelio se ubica el púlpito, una obra de yesería gótica del siglo XVI. 



En una de las capillas absidiales también observamos unas cabezas, seguramente procedentes de la decoración escultórica de la Puerta del Ángel.   


Desde el punto de vista de la geobiología se asegura que hay una conexión entre todos los templos que pueblan el Camino, en ellos existen corrientes telúricas que cuentan con un voltaje muy pequeño, además en estos lugares suele haber aguas subterráneas. Estos templos ya fueron lugares sagrados en otros tiempos y en otras culturas. En la simbología románica y procedente de la cultura celta, para indicar las fuerzas telúricas del lugar, se solían  representar hojas de roble en determinados capiteles que bien solían salir de la nariz o la boca de algún personaje los llamados hombres verdes, o Greenman.

Uno de los vórtices energéticos se sitúa en este templo, exactamente delante de una de las hornacinas que hay en el lateral izquierdo del transepto (frente a una imagen de San Pedro). Se le conoce como el Pozo de los Templarios. Cuenta la leyenda que esta oquedad conducía a unos pasadizos bajo tierra que eran utilizados por los caballeros templarios en caso de necesidad o asedio de la ciudad.





Por último, en el entorno del templo podemos contemplar una escultura en bronce de ''Pablo Payo Mesonero Mayor del Camino de Santiago” (1919-2003),  realizada en 2005, con la autoría de Javier Soto.



Que nos recibe ofreciéndonos sus ricas viandas y su conversación, como muestra de hospitalidad.


Allí, en el Mesón los Templarios, todavía siguen el camino que inició Pablo El Mesonero en el año 1965, y donde la especialidad por excelencia es el Lechazo Churro asado.


Frente al monumento, una antigua lapida de un caballero de la orden de Santiago, aporta reconocimiento a esta orden en el Camino.



 INFORMACIÓN RECOGIDA DE LOS SIGUIENTES ENLACES:

https://es.wikipedia.org/wiki/Iglesia_de_Santa_Mar%C3%ADa_la_Blanca_(Villalc%C3%A1zar_de_Sirga)

https://www.arteguias.com/palencia/villalcazardesirga.htm

https://www.youtube.com/watch?v=2tY2G6GarFA

https://arteviajero.com/articulos/iglesia-de-santa-maria-la-blanca-de-villalcazar-de-sirga/

https://viajarconelarte.blogspot.com/2017/02/la-iglesia-de-santa-maria-la-blanca-de.html

https://www.viajandoando.es/palencia/villalcazardesirga.html

https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2485849.pdf 

https://delahuertadearanjuez.es/historia/el-pimiento-que-vino-de-america/

https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2720483.pdf ​

https://uvadoc.uva.es/bitstream/handle/10324/24963/TFG_F_2017_25.pdf?sequence=1&isAllowed=y

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