Donde
el tiempo se detuvo a las nueve.
Alba de Tormes no se visita: se escucha. Basta cruzar el umbral del
Monasterio de la Anunciación de Nuestra Señora del Carmen para comprender que
aquí el tiempo no avanza en línea recta, sino en círculos de memoria. Cada
muro, cada reja, cada campanada remite a una presencia que no se ha ido nunca: Santa Teresa de Jesús.
Este convento carmelita, fundado el 25 de enero de 1571, fue la octava fundación teresiana.
Santa Teresa llegó a Alba de Tormes cuando el día empezaba a apagarse. Era el 20 de septiembre de 1582 y el cansancio pesaba más que el equipaje, llamada para acompañar a la joven Duquesa de Alba tras el parto del nieto y sucesor del Gran Duque de Alba.
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Foto recogida de nuestro blog MARAVILLAS DE CASTILLA Y
LEON. ALBA DE TORMES. |
Gravemente enferma, cruzó el monasterio en
silencio y fue llevada a una pequeña celda de la planta baja, tan sencilla que
hoy solo se adivina a través de una ventanita. Allí se detuvo su camino.
Durante días, ese espacio mínimo fue refugio, espera y despedida. El 29 de septiembre, día de San Miguel, pidió subir a la enfermería, una celda en la planta alta, frente a la iglesia. Desde allí escuchó misa por última vez. Sabía que el final estaba cerca, y lo afrontó con la serenidad de quien ha vivido intensamente.
La mañana del 2 de octubre se confesó.
Poco después, los médicos la devolvieron a la celda de abajo, al lugar donde
todo había comenzado. Allí, el día 3 a las cinco de la tarde, recibió la
Comunión en una vivencia profunda, íntima, silenciosa. Por la noche llegó la
Extremaunción.
Y allí mismo, en la quietud de esa
celda humilde, con un crucifijo entre las manos, Santa Teresa de Jesús se apagó
el 4 de octubre de 1582,día
de San Francisco de Asís a las nueve de la noche. Afuera, el mundo seguía.
Dentro, el tiempo se detenía.
A la mañana siguiente —que ya era 15
de octubre por el cambio de calendario— la iglesia recién terminada acogió su
funeral. Hoy, esas dos celdas, convertidas en oratorio y pequeño coro, siguen
guardando algo difícil de explicar: una calma honda, un silencio que habla, la
sensación de que algunas despedidas no son finales, sino comienzos.
El cuerpo de la santa permanece en
Alba de Tormes desde entonces, salvo un breve traslado a Ávila entre el 25 de
noviembre de 1585 al 23 de agosto de 1586
y aunque los duques de Alba no tuvieron ninguna relación con la fundación
de este convento, hacia 1585, se implicarían para lograr la vuelta del cuerpo
de la santa a Alba de Tormes, desde el convento de San José de Ávila, su
primera fundación.
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Foto recogida de nuestro blog MARAVILLAS DE CASTILLA Y
LEON. ÁVILA |
Beatificada en 1614 y canonizada en
1622, su fama no hizo sino crecer. En 1970 sería proclamada Doctora de la Iglesia Universal, un
reconocimiento excepcional que subraya la fuerza intelectual y espiritual de su
palabra.
Foto recogida de nuestro blog MARAVILLAS DE CASTILLA Y
LEON. SALAMANCA |
La de la Iglesia, de carácter escultórico y manierista, cuenta con una gran puerta de medio punto coronada por medallones de San Pedro y San Pablo.
El cuerpo superior se divide en dos pisos: el inferior muestra un relieve de la Anunciación de Nuestra Señora, con un paisaje urbano al fondo y flanqueado por escudos,...
...mientras que el superior presenta al Padre Eterno entre nubes, presidiendo la escena.
La composición se remata con una cruz sobre un fingido pergamino que contiene la cartela fundacional, grabada con un texto alusivo a la dedicación del templo y a la labor de sus fundadores, Francisco Velázquez y Teresa de Laíz. A ambos lados aparecen figuras recostadas sobre roleos y otras de pie en los extremos, completando el conjunto escultórico de la fachada.
De la iglesia destacar: el artesonado
del primer templo, realizado en la década de 1570, la capilla mayor cubierta
con una bóveda trazada por Hontañón. También son relevantes el crucero y los
nuevos presbiterios, proyectados en 1660 por el carmelita fray Juan de San
José.
La iglesia del monasterio refleja esa historia de manera visible. Su estructura se divide en dos grandes momentos: la iglesia primitiva del siglo XVI, sobria y fiel al ideal teresiano, y la gran ampliación barroca —la llamada Obra Real— realizada entre 1670 y 1680 para acoger a los miles de peregrinos que llegaban a venerar sus reliquias. Reyes, arquitectos y artistas dejaron aquí su huella, desde Rodrigo Gil de Hontañón hasta Jacques Marquet, autor del actual sepulcro de mármol que preside el altar mayor.
Con ello esta octava fundación pasó a ser un hito teresiano fundamental en el que Teresa está especialmente presente.
Pero más allá de la arquitectura, este
monasterio se recorre con los sentidos. Se conservan el locutorio, el
refectorio, las escaleras, el coro primitivo, la huerta, las campanillas… y,
sobre todo, las dos celdas vinculadas a los últimos días de Teresa actualmente remodeladas
al estilo barroco y contemporáneo. Hoy son espacios de oración, intactos en su
esencia. En la remodelación
del siglo xii desapareció el arbolillo seco que estaba junto a la celda de
Teresa y a la mañana siguiente a su muerte apareció cubierto de flores.
Dentro del convento –probablemente en
la primitiva Sala Capitular del mismo–, y junto a la celda en la que murió la
santa, se abrió en 2002-2003 la sala de Santa Teresa a la que se accede desde
el templo que está dedicado a venerar las reliquias de la santa y mostrar parte
de los recuerdos teresianos de la comunidad. Se presentan conjuntamente los
aspectos espirituales, históricos y artísticos, relacionados con la fundadora y
con la larga vida conventual.
Entre los documentos expuestos están varias piezas de cerámica salmantina de su tiempo,
... almohadas donde apoyaron su cuerpo bordado con la inscripción “STA T.A”, abreviatura de Santa Teresa de Ávila,
las tres llaves del sepulcro de la Santa que posee la Comunidad.
Relacionados con Juan de la Cruz se exponen, además de sus reliquias, la reja y el sillón donde confesaba a las religiosas, un báculo y una cruz de plomo usados por él, y la edición príncipe de sus obras (1618). Los cuadros y esculturas expuestas tienen más valor espiritual que artístico.
Todas las piezas de esta Sala de
reliquias acompañan al espacio más venerado por la Comunidad, la celda en la
que murió santa Teresa termina el recorrido, que está como ha llegado hasta
nuestros días tras las reformas y alhajamientos del barroco que hemos respetado
por ser parte de la devoción teresiana.
Descansan los sepulcros de los fundadores. Allí también se ubicaron los coros conventuales, y en uno de ellos reposó finalmente Santa Teresa de Jesús. Todos los sepulcros, realizados a finales del siglo XVI, son obra del escultor Juan de Montejo.
Son interesantes histórica y artísticamente los sepulcros de los fundadores: frente a la entrada los Galarza, descendientes de Francisco Vázquez y Teresa de Laíz.
Teresa de Laíz,
mujer de carácter que al no tener hijos empujó al contador y a su propia
familia a fundar este convento.
Cuando los Contadores de los Duques, que residían en Salamanca, vinieron a establecerse en Alba de Tormes, vio asombrada Teresa en su propia casa, un patio con un pozo exactamente igual a los que ella había visto en un sueño que tuvo en Salamanca, donde además, junto al pozo, se le había aparecido San Andrés, santo de su devoción. Ante este suceso, de acuerdo con su esposo, cedieron su casa de Alba para monasterio de las Descalzas, con otras fincas colindantes, pues ya tenían acordado con Santa Teresa donarle la fundación. Un pozo y un corredor, recuerdan el episodio del sueño de Teresa de Laíz.
Las escrituras del convento se
firmaron ante la reja del locutorio del monasterio de las MM. Isabeles de la
Villa, posteriormente cedida a este Carmelo.
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Foto recogida de nuestro blog MARAVILLAS DE CASTILLA Y
LEON. ALBA
DE TORMES. |
Bajo el coro del órgano, está el sepulcro que acoge a Juan de Ovalle Godínez (†1596), su mujer Juana de Ahumada, hermanastra de santa Teresa, (†1587) y al hijo de ambos Gonzalo de Ovalle (†1585).
Pero desde cualquier punto de vista los más valiosos son los sucesivos enterramientos de santa Teresa, comenzando por el más antiguo frente al actual enterramiento de los Ovalle, su linaje.
Después de su beatificación pasa a una urna de piedra blanca que aún se conserva, aunque sin sus restos En la parte más alta, donde anteriormente estaba su primera urna funeraria,
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Foto recogida de: httpscarmelitasalba.orgwp-contentuploads201403fachada_sepulcral_hacia_1600_imagen_virtual_la_primera_urn |
En la actualidad está la pintura que realizó en 2003 Miguel Ángel Espí: "Glorificación de Santa Teresa".
Y de ellos la urna sepulcral del retablo mayor, que guarda su cuerpo, la
reliquia más venerada del Carmelo.
En lo más alto del altar mayor se encuentra actualmente el sepulcro de Santa Teresa, que custodia su cuerpo incorrupto.
La configuración definitiva del área presbiteral se completó en la centuria siguiente. El 13 de octubre de 1760, durante el reinado de Carlos III, se dispuso el traslado del sepulcro de Santa Teresa a lo alto del altar mayor, integrándolo en el eje central del retablo. Para ello fue necesario rehacer parcialmente su calle central, creando un arco que comunica la iglesia con el llamado camarín alto.
La actual urna sepulcral, realizada en 1759, es obra del arquitecto francés Jacques Marquet, quien había llegado a España al servicio del duque de Alba y pasó posteriormente a trabajar para la Corona. Ejecutada en mármol negro jaspeado, alberga en su interior otra urna de plata que custodia el cuerpo de la Santa.
Su colocación fue posible gracias a las generosas donaciones realizadas por Carlos III, así como por su hermanastro Fernando VI, fallecido el año anterior, y por la esposa de este, doña Bárbara de Braganza.
Con motivo de un nuevo estudio de sus restos, el sepulcro será
abierto y el cuerpo expuesto a la veneración de los devotos. Se trata de un
acontecimiento verdaderamente excepcional, ya que algo así solo ha ocurrido en
dos ocasiones anteriores: en 1760 y en 1914.
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Foto recogida de: httpss3.abcstatics.comabcwwwmultimediaviajar20250515santa-teresa-jesus5-U63528421284bEK-760x427@diario_a |
Esta apertura, prevista para 2025,
representa una oportunidad única para miles de peregrinos que se acercarán
hasta esta emblemática localidad teresiana. Un lugar cargado de historia y
espiritualidad, donde reposan no solo su cuerpo, sino también reliquias tan
significativas como su brazo y su corazón.
En 1936, con el estallido del
conflicto, las carmelitas descalzas del convento de RONDA(Enlace
a nuestro blog), la iglesia de Nuestra Señora de la Merced, fueron
expulsadas por milicianos del bando republicano. En ese momento,
intentaron llevarse la reliquia más preciada: la mano incorrupta de Santa
Teresa de Jesús. Aunque una de las religiosas trató de protegerla, los
milicianos lograron sustraerla. La reliquia fue posteriormente recuperada por
las tropas nacionales y, como botín simbólico, entregada a Francisco
Franco, quien la custodió personalmente durante los casi cuarenta años que duró
su régimen, hasta su muerte en el PALACIO
REAL DEL PARDO (enlace a nuestra publicación) No fue hasta 1976, cuando
su esposa, Carmen Polo, devolvió la mano al convento carmelita de Ronda, donde
aún se conserva y se venera hoy.
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| httpswww.ciudadconalma.comwp-contentuploads202205Mano-de-Santa-Teresa-en-Ronda.jpg |
El templo se levantó en dos etapas, cada una dejando su huella en la iglesia que conocemos hoy. La primera, construida entre 1571 y 1576, consistió en el tramo inicial de la nave con su sencilla cubierta de madera y la capilla mayor con bóveda tardogótica.
Más tarde, hasta 1582, se extendió la construcción hasta el púlpito, respetando la estructura original.
Las pechinas de la cúpula, decoradas con motivos teresianos, son obra de Francisco Rizi y están terminadas en 1674.
Dentro de la capilla mayor se organizaron los espacios con cuidado: a un lado, junto a la Epístola, y al otro, en el lado del Evangelio.
El conjunto responde a los postulados estéticos de la segunda mitad del siglo XVIII, caracterizados por la sobriedad compositiva, el equilibrio formal y el uso de materiales nobles, concebidos para subrayar la excepcionalidad de la reliquia sin recurrir a excesos ornamentales. De este modo, la Obra Real no solo amplió físicamente el templo, sino que fijó de manera definitiva el marco arquitectónico y simbólico destinado a la veneración de Santa Teresa de Jesús.
A un lado del crucero, esta la “vera efigies” de Santa Teresa de Jesús nos presenta un rostro austero y profundamente humano, que invita al silencio y a la contemplación. Esta obra contemporánea conecta pasado y presente, recordándonos que detrás de la mística y la santa hubo una mujer real, fuerte y valiente. Realizada en 2025 por Jennifer Mann, propone una aproximación al aspecto real de la santa a partir de fuentes históricas y estudios científicos, tras la nueva apertura de su sepulcro. En una vitrina inferior, se observan medallas conmemorativas y un pequeño estuche, posiblemente relacionados con la orden carmelita o con la propia obra, reforzando su carácter devocional y museístico.
Salir de este monasterio no es marcharse del todo. Algo queda dentro: una pausa, una pregunta, un silencio fructífero. Quizá por eso Alba de Tormes no se olvida. Porque aquí, desde hace siglos, el reloj sigue distinguiendo las nueve.
INFORMACIÓN RECOGIDA DE LOS SIGUIENTES
ENLACES:
https://villaalbadetormes.es/es_es/que-ver/iglesia-de-la-anunciacion/
https://carmelitasalba.org/sepulcro-de-santa-teresa/convento-y-la-iglesia/
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Me encantó el reportaje, hace bastante que estuve ahí y me gustaría volver. Besos.
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