IGLESIA DE SAN JUAN APÓSTOL, ALBA DE TORMES


 

Erigida entre los últimos años del siglo XII y los albores del XIII, la iglesia de San Juan surge como un testimonio singular del estilo románico-mudéjar, una delicada fusión entre la tradición cristiana y la herencia islámica. Su valor histórico y artístico le valió la declaración de Bien de Interés Cultural en 1993, reconocimiento merecido por la riqueza que custodia entre sus muros, siendo de gran interés tanto su arquitectura como las piezas artísticas que alberga, sumándose al patrimonio propio del templo, obras artísticas procedentes de otras iglesias de la villa.

En su interior conviven obras de diversa procedencia y época, entre las que destaca el excepcional apostolado románico-bizantino, tallado en piedra arenisca y aún vibrante gracias a su policromía original.



Este templo constituye el ejemplo más sobresaliente de la arquitectura románico-mudéjar conservada en la provincia y una de las siete iglesias que todavía articulan la vida espiritual y patrimonial de la villa.

Se alza en el corazón urbano, recostada sobre uno de los lados de la Plaza Mayor, como una presencia serena que observa el discurrir cotidiano del lugar. Su fama se apoya, sobre todo, en la armonía de su cabecera románica de ladrillo y en la intensidad simbólica de las esculturas que guarda en su interior.

La entrada se realiza por la fachada meridional, a través de un atrio contemporáneo neomudéjar añadido en el siglo XX,  fruto de la reciente intervención. 

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A su entrada un antiguo sarcófago relleno de cemento lo que evita descubrir sus formas, da paso a un arco como camino al recinto.


Se apoya en dos magníficos capiteles románicos, probablemente procedentes de la antigua portada. En uno de ellos se despliega una inquietante escena: dos figuras de rasgos simiescos, con colas y pezuñas, comparten una cabeza demoníaca de la que brotan tallos perlados que se enredan en los cuerpos, mientras empuñan objetos que sugieren violencia y castigo.

El capitel opuesto muestra una figura similar, atrapada en un gesto ambiguo de devorar o expulsar un tallo vegetal que se retuerce entre sus manos, creando una imagen de poderosa carga simbólica que establece un diálogo silencioso entre épocas distintas, donde el pasado y el presente se encuentran sin discrepancias.

De la cabecera primitiva, formada por tres ábsides de ladrillo, sólo se conservan a la vista el meridional y buena parte del central, pues el septentrional permanece oculto tras una edificación posterior. Esta interrupción altera la lectura estética del conjunto y afecta también a la percepción visual de la Plaza Mayor, restándole unidad y equilibrio.




El ábside central concentra buena parte de la belleza arquitectónica del templo. Sobre un zócalo sobrio se elevan dos niveles de arcos de medio punto doblados, dispuestos con un ritmo elegante y preciso. Su planta exterior, de perfil poligonal, parece responder a una búsqueda de adaptación armónica a la traza rectilínea de los grandes arcos. El primer cuerpo se construye íntegramente en ladrillo, mientras que el superior descansa sobre columnas cuyos fustes fueron cuidadosamente modelados con ladrillos tallados y dispuestos en forma circular, preservando así su esbeltez cilíndrica. 

Al cruzar el umbral, el espacio se revela amplio y luminoso, sorprendente en su desnudez. La mirada se eleva sin obstáculos, fruto de una transformación ocurrida en el siglo XV, cuando las antiguas arquerías que separaban las naves cedieron su lugar a dos colosales arcos escarzanos. 

Con sus dieciocho metros de luz, sostienen hoy una techumbre de madera moderna que flota sobre el recinto con silenciosa ligereza. Las naves se cubren con armaduras de madera, fruto de la restauración de 1957 aunque incorporando, en la nave de la epístola, fragmentos de un bello artesonado mudéjar pintado, de finales del siglo XV.

La cabecera, ahora plenamente visible, se presenta casi intacta en su esencia románica de ladrillo. El ábside principal despliega tres ventanales enmarcados por el mismo material, mientras la bóveda de horno conserva la sobriedad de su origen. 

Sin embargo, el presbiterio guarda la huella del tiempo; en el siglo XVIII su bóveda fue transformada en una cúpula barroca sobre pechinas, añadiendo un gesto de teatralidad al conjunto.

Los ábsides laterales mantienen aún mayor fidelidad a su traza primitiva. Sus prolongados tramos presbiterales se cubren con bóvedas de medio cañón, reforzadas en el centro por arcos fajones doblados que marcan el ritmo del espacio. Tanto los arcos triunfales como estos fajones descansan sobre columnas adosadas a pilastras, coronadas por capiteles y basas de piedra de líneas contenidas. En ellos, la ornamentación se vuelve más humilde que en el exterior, repitiendo sencillas formas vegetales que evocan monturas estilizadas.

Los hemiciclos de los absidiolos se animan con delicadas arquerías trilobuladas y frisos de esquinillas, detalles que aportan movimiento y sutileza a los muros, como un susurro ornamental que acompaña el silencio solemne del templo.

Distinto y excepcional es el caso del apostolado de piedra policromada, presidido por la Maiestas, y la figura de la Theotokos que hoy se conservan en el interior de la capilla mayor.

Es conocida especialmente por su extraordinario conjunto de esculturas tardorrománicas policromadas, datadas a finales del siglo XII o comienzos del XIII. Este conjunto, dispuesto en forma de semicírculo en el presbiterio central y rodeando el altar, está formado por Cristo y doce apóstoles entronizados, conservados a escasa distancia del espectador y prácticamente a la altura de la vista. Todo indica que estas esculturas pertenecieron originalmente a una gran portada hoy desaparecida, que afortunadamente fue salvada.
Formalmente, se trata de catorce figuras sedentes realizadas en un altísimo relieve, prácticamente de bulto redondo, adosadas a placas rectangulares. Todas aparecen sentadas en sitiales sencillos. Los apóstoles, descalzos en señal de su condición de corte celestial, visten túnica y manto muy ceñidos al cuerpo, lo que permite marcar con claridad los volúmenes de las piernas. Aunque los semblantes y las actitudes transmiten solemnidad, cada figura se individualiza mediante rasgos faciales, gestos y atributos. Los rostros presentan una construcción cuadrada y labios inferiores prominentes y carnosos, las barbas abundantes en casi todos, aparecen partidas y con puntas rizadas o trenzadas.

Once de los apóstoles portan libros, mientras que san Pablo, reconocible por su amplia frente y su alopecia, sostiene una filacteria ilegible.

Los gestos de las manos son variados: algunos muestran la palma, otros sujetan el borde del manto, entrecruzan los dedos índice y corazón, apoyan las manos entre las rodillas, realizan el gesto de bendición o sostienen el libro con ambas manos. San Pedro, situado a la izquierda de Cristo según el punto de vista del espectador, se identifica claramente por las grandes llaves que porta.

 San Juan Evangelista, ubicado al lado opuesto de san Pedro y junto a Cristo, es el único que carece de barba tallada —aunque un repinte posterior le añadió una—.

A su lado se encuentra Santiago, reconocible por las conchas de peregrino pintadas en su túnica.


En el centro del conjunto se sitúa la figura mayestática de Cristo, de mayor tamaño que los apóstoles por una clara jerarquización simbólica. Representa una Teofanía: un Cristo-Dios atemporal que preside el Colegio Apostólico sin connotaciones apocalípticas ni contenidos morales específicos. De rostro sereno, barba larga y partida y abundante cabellera que cae sobre los hombros, viste túnica y manto, calza zapatos puntiagudos y sostiene en la mano derecha un báculo en forma de “tau”, mientras que en la izquierda porta un cetro real rematado con una flor de lis. Cristo reina en el ámbito celeste, y los apóstoles, descalzos, conforman su cortejo.

Desde el punto de vista estilístico, la solemnidad, la frontalidad y la geometrización de los cuerpos remiten todavía a la plástica románica; sin embargo, ciertos gestos, peinados y el tratamiento de los pliegues anuncian ya una transición hacia el lenguaje gótico.


Adosada al muro sur de la capilla se conserva también una imagen en piedra del mismo estilo y autoría que el apostolado, que representa el tradicional tema bizantino de la Virgen Theotokos o Madre de Dios, iconografía muy frecuente en el románico. María aparece entronizada, rígida e hierática, como Trono de Sabiduría (Sedes Sapientiae), presentando al Niño. Con la mano derecha muestra la palma —sin portar la habitual manzana— y con la izquierda sostiene suavemente a Jesús por el hombro. El Niño bendice con la diestra y sostiene el Libro de la Vida con la otra mano. La decoración del trono es similar a la de Cristo y san Pablo, aunque su policromía es posterior a la del apostolado.

Todo indica que esta imagen mariana formó parte del mismo pórtico escultórico al que pertenecía el conjunto del apostolado.

En la capilla mayor se custodian otros dos capiteles, unidos modernamente con yeso, que proceden de la desaparecida iglesia de San Miguel en la misma villa.  Se decoran, respectivamente, con dos basiliscos afrontados de cuellos enlazados por una banda perlada y con sendos híbridos inscritos en roleos perlados, uno reptiliforme de cola enroscada de remate vegetal y cabeza felina coronada por un cuerno y el otro una especie de pez que se engulle la cola. El rudo tratamiento de los relieves y el carácter recurrente de la iconografía no permite mayores precisiones en la filiación de estos relieves, que parecen obra de un taller local.

Empotrado en el muro del evangelio se encuentra la brillante exhibición de la escuela plateresca que revela la existencia de una interesante escuela escultórica local a la sombra del palacio ducal. Fechado en 1536, su fina labra muestra, a modo de retablo, pilastras laterales que enmarcan un arco solio con hermoso relieve que representa un Descendimiento con Cristo muerto entre San Juan, María y la Magdalena. 

El enterramiento pertenece, según dice la inscripción a Diego de la Carrera y Juan Flores, su hijo, cuyos escudos, sostenidos por niños, se reparten sobre la tapa del sepulcro. 



A su izquierda la Capilla de los Villapecellín.

Corresponde a uno de los ábsides laterales, concretamente al del lado derecho si lo observamos de frente el del lado de la epístola. Esta capilla encierra la parte arquitectónica más importante de la iglesia, decorada a base de arcos ciegos de ladrillo (trilobulados en la cabecera, de indudable influencia árabe) con basas y capiteles de arenisca. Estos últimos con decoración de hojas carnosas y apomadas. Algunos con la policromía original.

En los muros laterales se hallan cuatro sepulcros del siglo XVI pertenecientes a Diego de Villapecellín, camarero del duque de Alba, alcaide y corregidor de la villa, su esposa y sus dos hijos. 

Sobre ellos seis tallas en madera policromada de los siglos XVI y XVII representan a San Miguel abatiendo al diablo, Santa Águeda, Santa Apolonia, San Juan Evangelista –perteneciente a un calvario desparecido-, San Vicente Ferrer y Santo Domingo de Guzmán.











Desembocan en la capilla de la virgen de la guía, en el fondo de la capilla se muestra una deliciosa imagen de la Virgen con el Niño. 


Escultura gótica del siglo XIV en piedra arenisca policromada con silueta ondeada y delicada sonrisa característica de su estilo. La Virgen sostiene al Niño que lleva en una mano la bola del mundo mientras con la otra está en actitud de bendecir. La imagen procede de la desaparecida ermita de la Guía, situada hasta finales del siglo XIX en la otra orilla del río, junto al puente, contando con gran devoción por parte de los caminantes y peregrinos, quienes no dudaban en orar ante su imagen.


A la izquierda de la capilla mayor esta la Capilla del Santísimo,
arquitectónicamente similar a la capilla de los Villapecellín, aunque más restaurada.  
En ella se venera una extraordinaria imagen de Cristo crucificado, gótica del siglo XIV, realizada en madera policromada y de tamaño algo menor que el natural. 
Corresponde a un tipo de imagen frecuente en la región, conocido como “expresionista” que representa a Cristo alargado y agónico, dolorido, modelo característico de la época de las epidemias que azotaron España. 


Mantiene la típica configuración en Y, que algunos autores relacionan con el mundo templario (por su forma de pata de oca) aunque lo cierto es que era una tipología centroeuropea fácilmente rastreable en el Camino de Santiago. Perfecto ejemplo de gótico maduro en su paso hacia el manierismo.


La Cruz se asienta sobre una piedra arenisca que representa el Monte Gólgota. Gólgota, también conocido como el Calvario, es la colina fuera de las antiguas murallas de Jerusalén donde la tradición cristiana sostiene que Jesús de Nazaret fue crucificado, recibiendo su nombre por su forma de calavera (Gólgota significa "lugar de la calavera" en arameo) o por ser un lugar de ejecuciones públicas.




Frente a los ábsides, en lo que sería el pie del templo está el Retablo Mayor. Un notable retablo barroco dorado y policromado, ejecutado en 1752 por Luís González, según trazas de Miguel Martínez, que aprovecha imágenes y relieves de Juan de Montejo del siglo XVI, pertenecientes a un primitivo retablo que presidió el templo. El retablo que ocupó la capilla mayor de la iglesia hasta su traslado en la última restauración de 1957, está presidido por una doble hornacina con las imágenes de los titulares de la iglesia: San Juan Bautista a la izquierda y San Juan Evangelista a la derecha. En las calles cuatro relieves narran pasajes de la vida de ambos. A la izquierda el Bautismo de Cristo en el Jordán y la Decapitación del Bautista y a la derecha el Evangelista escribiendo el Apocalipsis en la isla de Patmos y uno de sus suplicios. Sobre las imágenes de los titulares el relieve de la Asunción y rematando el conjunto el Padre Eterno.

A su derecha unido al colosal arco escarzano del lado norte, un pulpito, realizado en piedra arenisca policromada y fechado entre los siglos XVI-XVII muestra uno de los relieves más antiguos que se conservan con el escudo de la villa de Alba de Tormes, coronado por el pendón de la villa, con una estrella a cada lado y otra bajo uno de los arcos del puente.

A su diestra si miramos de frente, el retablo de La Piedad, testimonio de gran popularidad en este momento artístico, que representa la Virgen desconsolada con su Hijo muerto en el regazo. Imagen del siglo XV que sale en procesión los Viernes Santos. El relieve superior representa la Presentación de Jesús en el Templo, fue aprovechado junto a los del retablo mayor de un retablo hoy desaparecido, siendo obra de Juan de Montejo (siglo XVI)


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Haciendo ángulo, con el corredor norte se encuentra la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, retablo barroco, donde se encuentra la hermosa talla en madera policromada del siglo XVII, correspondiente a la escuela castellana de Gregorio Fernández. La imagen representa con gran viveza y realismo el popular tema de la Dolorosa o Virgen de las siete espadas en que la Madre de Dios, delante de la Cruz muestra el más profundo dolor y asolamiento ante la pérdida de su Hijo, mientras apoya su mano derecha sobre las siete espadas que le clavan en el pecho, símbolo de los siete dolores que sufrió a lo largo de su vida: La Presentación en el Templo, La Huida a Egipto, el Niño perdido en el Templo, El Camino del Calvario, La Crucifixión, El Descendimiento, y El Entierro.
La imagen sale en procesión en el atardecer del Viernes Santo.

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Si seguimos avanzando hacia la Capilla del Santísimo, hallamos un admirable nicho. Este sepulcro gótico, conservado en la iglesia pertenece al infante don Pedro de Portugal (†1449), hijo del rey Juan I de Portugal y de Felipa de Lancaster. Su presencia en Alba de Tormes es excepcional, ya que murió en el exilio, lejos de su reino, en un contexto de conflictos políticos entre la nobleza de Castilla y Portugal.

El monumento adopta la forma de arcosolio adosado al muro, una tipología reservada a personajes de alto rango en el siglo XV. En el centro destaca el escudo de Portugal, sostenido por ángeles, elemento que permite identificar con certeza al difunto pese a la pérdida de la inscripción original. En la parte inferior, los leones esculpidos simbolizan poder, nobleza y protección eterna.

La calidad artística del conjunto indica la intervención de un taller gótico castellano de alto nivel, probablemente activo en la región en la primera mitad del siglo XV. No existen documentos que indiquen traslado o exhumación posterior, por lo que se considera que los restos del infante permanecen en este lugar.

Este sepulcro constituye un testimonio único de las relaciones políticas y nobiliarias entre Castilla y Portugal en la Baja Edad Media.

En el arco que corresponde a la portada que se abría en el muro norte,... 

...se muestra un interesante Calvario del románico de transición al gótico (s. XIII) en madera con restos de policromía donde nos encontramos un Cristo no sufriente acompañado por la tradicional Deesis (San Juan y la Virgen). Gravemente deteriorado por haberse encontrado emparedado en el muro de la sacristía de la iglesia de Santiago, durante las obras de restauración del ábside en 1984. 



El grupo representa a Cristo Crucificado, acompañado por la Virgen con manos suplicantes y San Juan porta un libro y se lleva la mano al rostro con gesto de aflicción. El conjunto muestra la tradicional jerarquización de tamaños, según la importancia de cada personaje tan frecuente en la estética del románico.


Continuando hacia la cabecera se advierte el retablo de Perucho. Conocido con este sobrenombre por estar formado el frontal del altar por la lápida funeraria en pizarra policromada correspondiente al enterramiento de Perucho y Toribio de Villarreal, cuyos retratos se muestran a ambos lados del sagrario. 

El retablo es del siglo XVI, de estilo renacentista con estructura de líneas muy clasicistas y sobria decoración. Atribuido por algunos autores a Juan de Montejo. Está presidido por una imagen de gran belleza de Virgen con el Niño en brazos, bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario y del Socorro de los afligidos. A ambos laterales imágenes de San Roque, San Alberto y encima San Ignacio de Loyola.


Y así continuamos hasta la capilla del Santísimo, pasando por un  tríptico sobre peana, pintado en tabla, fechado en los últimos años del siglo XV o comienzos del XVI, perteneciente al Renacimiento temprano y de clara influencia flamenca, un estilo muy difundido en Castilla durante este periodo. 

La obra presenta una estructura tradicional de tríptico, con una tabla central fija y dos alas laterales abatibles, cada una de ellas dividida en dos escenas narrativas. La técnica empleada es temple y óleo sobre madera, lo que permite un notable detalle descriptivo, un colorido intenso y una cuidada representación de los personajes y los espacios.

El tema iconográfico del conjunto es la Pasión de Cristo, articulada en torno a la Crucifixión, que ocupa el panel central. En esta escena se representa a Cristo en el momento de ser elevado en la cruz, aún no completamente clavado, rodeado de una abundante multitud de soldados y sayones, lo que refuerza el carácter dramático de la composición. A los pies de la cruz aparecen la Virgen María, San Juan Evangelista y María Magdalena, mostrados con una intensa carga emocional. El fondo se abre a un paisaje profundo, construido con perspectiva atmosférica, rasgo característico del Renacimiento de raíz flamenca.

Las alas laterales desarrollan episodios previos y paralelos de la Pasión. En el ala izquierda, la escena superior representa el Prendimiento de Cristo, mientras que en la parte inferior se muestra la Flagelación. 

En el ala derecha, la parte superior presenta a Cristo ya crucificado, acompañado por Longinos y un grupo de fieles, y en la inferior se representa la Oración en el Huerto de Getsemaní, con los apóstoles dormidos, subrayando el abandono y la soledad de Cristo antes de su sacrificio.

El conjunto se remata en su parte superior con un pequeño edículo o tabernáculo, que alberga una pintura de la Virgen con el Niño, enmarcada por una decoración arquitectónica dorada. Este elemento sugiere que el tríptico estuvo destinado a un ámbito de devoción privada o a una liturgia secundaria, y no al altar mayor del templo.

Desde el punto de vista estilístico, la obra se inscribe plenamente en el hispano-flamenco, visible en los rostros expresivos, el gusto por el detalle narrativo y el uso simbólico del color. Se relaciona con los talleres activos en Castilla y el entorno de Salamanca, influidos por figuras como Fernando Gallego, el Maestro de Ávila y por pintores flamencos cuyas fórmulas fueron importadas o reinterpretadas localmente. No obstante, la obra no se atribuye a un autor concreto, sino que se considera producto de un taller.

Dentro del contexto de la iglesia de San Juan de Alba de Tormes, este tríptico no forma parte del conjunto románico original del templo, sino que constituye una pieza posterior, incorporada probablemente desde otra iglesia o capilla. Su presencia refleja el tránsito de la villa hacia el humanismo y la devoción renacentista, enriqueciendo el patrimonio artístico del edificio con una obra de gran valor iconográfico y estilístico.

Esto con relación al lado norte, con respecto al sur tras pasar la actual puerta de entrada a su izquierda el Sepulcro de Garcia Brochero y su mujer.




Este hermoso sepulcro de finales del siglo XV enmarca bajo bellos arcos angrelados de arenisca con decoración de cárdinas, típica del gótico florido. 

La caja sepulcral de alabastro sostenida por cuatro leones que portan en sus fauces cuerpos de niños. 

La urna se decora con hermosos relieves que representan un Calvario (sobre la tapa) y una Piedad (en el frontal) flanqueados por los escudos familiares, sostenidos por ángeles con los escudos cruzados en zigzag en todo el enterramiento. Heráldica que se repite en el fondo del lucillo.

También podemos observar la sencilla pila bautismal que parece medieval, posiblemente gótica. Es de granito y tiene forma de cáliz con la copa semiesférica completamente lisa. Tanto la basa como el pie son ochavados y moldurados.

El sepulcro pertenece a Andrés Brochero, regidor de la villa de Alba de Tormes, fallecido en 1504. Procede de la antigua iglesia de San Miguel, arruinada en 1977, y forma parte de un conjunto de enterramientos de la misma familia conservados actualmente en la iglesia de San Juan. Está realizado en piedra arenisca y se organiza en un arco escarzano que enmarca la caja sepulcral, cuya tapa y frontal se decoran con escudos heráldicos sostenidos por figuras fantásticas o salvajes, elementos propios del arte funerario del momento.

La inscripción, de carácter funerario, señala el lugar de enterramiento, identifica al difunto y su cargo público, y solicita oraciones por su alma. La fórmula “aquí yace” responde a la mentalidad cristiana medieval, que concibe la muerte como un tránsito hacia la resurrección. La mención de su condición de regidor subraya su estatus social, mientras que la fecha de 1504 sitúa la obra en un contexto de transición entre el gótico tardío y el primer Renacimiento.

La iconografía refuerza este mensaje: el escudo alude al linaje y prestigio familiar; los leones simbolizan poder y vigilancia espiritual; los tenantes fantásticos protegen simbólicamente el blasón; y la ornamentación vegetal evoca la idea de vida eterna. En conjunto, texto e imagen construyen un discurso unitario que combina memoria, fe cristiana y afirmación social.

Y continuamos hasta la zona de la escalera y entrada a la sacristía. En el muro sur se encuentra la puerta de entrada al templo, junto a la sacristía se encuentran diversas lápidas y enterramientos de singular interés.

Cronológicamente destaca por su antigüedad un sarcófago del siglo XIV, procedente de la iglesia de San Miguel, de un caballero desconocido. Labrado en piedra arenisca con la estatua yacente del difunto sobre la tapa y un perro a los pies como símbolo de fidelidad



En el frente un relieve representa a Cristo en Majestad inscrito en la mandorla, flanqueado por un apostolado bajo arquería gótica. En la cabecera un calvario y blasón de la familia a los pies.


Sobre la puerta de la sacristía se encuentra una lápida funeraria en pizarra policromada fechada en 1597 con relieves de San Francisco de Asís y San Antonio de Padua entre los escudos familiares.

Adosada al muro de la escalera se encuentra el enterramiento del alférez Pedro Torrecilla, fechado en 1490, con decoración epigráfica gótica y escudo del fallecido en el centro.
Junto a la lápida una pizarra policromada de 1619, perteneciente al enterramiento de Pedro Sánchez de Nogal.

Sobre la escalera una última lápida de pizarra perteneciente al arcipreste de Rodilla, fallecido en 1572.

A la derecha de la entrada está el altar de Cristo atado a la columna,...

...tras salvar una antiquísima pila de agua bendita.


Cobijado por un arco solio que se abre en el muro meridional de la iglesia se encuentra este pequeño altar con frontal en piedra arenisca decorado con escudo flanqueado por leones y retablito que ensambla relieves aprovechados del siglo XVI de Juan de Montejo, pintados a grisalla dos siglos más tarde que representan diversos santos, autor al que igualmente pertenece el relieve de María Magdalena en el desierto, que se encuentra junto a la puerta de entrada. 

En el centro del retablo se encuentra una de las obras más sobresalientes del templo. Se trata de una espléndida tabla de gran calidad artística que representa a Jesús flagelado, obra de indiscutible mérito atribuida a Joan de Joanes y fechada hacia 1535 que ha sido calificada como entre lo mejor de la pintura española del siglo XVI. 

De influencia claramente italiana y gran belleza formal, destaca, sobre fondo oscuro, el cuerpo de Cristo, cuyo rostro, sobrio y elegante, de gran sentimiento y expresiva mirada, suscita inevitablemente el recogimiento.
Ha estado expuesto en varios lugares de España y Europa.

 






INFORMACIÓN RECOGIDA DE LOS SIGUIENTES ENLACES:

https://albadetormes.com/areas-municipales/culturayturismo/monumentos/castillo-de-los-duques-de-alba/

https://es.wikipedia.org/wiki/Alba_de_Tormes

https://www.terranostrum.es/turismo/un-paseo-por-alba-de-tormes

https://www.arteguias.com/iglesia/sanjuanalbadetormes.htm

https://www.aragonmudejar.com/castillaleon/albatormes/albasanjuan/sanjuan1.htm

https://www.terranostrum.es/turismo/iglesia-de-san-juan-alba-de-tormes

https://villaalbadetormes.es/es_es/iglesia-de-san-juan-apostol/

https://adelgadocosme.blogspot.com/2010/12/iglesia-de-san-juan.html

https://sdelbiombo.blogia.com/2011/072801-el-apostolado-romanico-de-alba-de-tormes-salamanca.php

https://www.romanicodigital.com/sites/default/files/pdfs/files/salamanca_ALBA_DE_TORMES.pdf

 

 

 

 

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