MONASTERIO DE SANTA MARÍA DEL PARRAL, UN
TESORO ESCONDIDO EN SEGOVIA
A los pies
del río Eresma, en un entorno natural conocido como La Alameda, se
alza uno de los rincones más mágicos y menos masificados de Segovia: el
Monasterio de Santa María del Parral. Situado extramuros de la ciudad, en el
barrio de San Lorenzo, próximo a la IGLESIA DE LA VERA CRUZ (Enlace a nuestra publicación), la
antigua Casa de la Moneda, y cercano al convento de
San Juan de la Cruz. Este monasterio de clausura sigue vivo hoy en día, habitado por
los monjes de la Orden de San Jerónimo, los únicos jerónimos que permanecen activos en
la península. Se trata de una orden religiosa exclusivamente ibérica, puesto
que solo se implantó en España y Portugal, estando muy vinculada
a las monarquías reinantes en ambos países.
Si buscas un
lugar donde historia, arte y silencio se fundan con la naturaleza, este es tu
sitio.
El
monasterio fue mandado construir en 1447 por el entonces príncipe Enrique IV de Castilla, quien, por haberse criado en
esa ciudad, sentía gran afecto por ella. Curiosamente, al no ser aún rey,
promovió la fundación bajo el nombre de su hombre de confianza, Juan Pacheco, Marqués de Villena.
En 1454, ya como rey, Enrique IV impulsó personalmente la construcción de las dependencias monacales, incluso antes que la iglesia. Su estrecha relación con el monasterio puede apreciarse en los numerosos escudos heráldicos con sus armas y las particulares ramas de granado que decoran el edificio.
Se cree que el monarca quiso ser enterrado aquí, aunque finalmente fue sepultado en el MONASTERIO DE GUADALUPE (Enlace a nuestra publicación).
| Sepulcro de Enrique IV |
Sin embargo, Juan Pacheco y su esposa sí descansan en el presbiterio del templo, es uno de sus mayores tesoros artísticos, el conjunto escultórico renacentista en alabastro de sus sepulcros Juan Pacheco y María de Portocarrero, realizado hacia 1528 por Juan Rodríguez y Lucas Giraldo por encargo de su hijo, Diego López Pacheco.
Las naves de
la iglesia se cerraron definitivamente en 1503. A lo largo de más de tres
siglos, el monasterio fue creciendo hasta convertirse en uno de los grandes
referentes jerónimos.
En
1654, un incendio destruyó buena parte del complejo, que fue reconstruido bajo
la dirección de fray Pedro de Huete. Además de este siniestro, el monasterio
enfrentó daños por la ocupación francesa (1808) y la desamortización (1835).
El nombre del monasterio proviene de la devoción a la Virgen del Parral, una escultura románica procedente de un templo anterior. Junto a la antigua ermita existía un parral (de ahí el nombre), rodeado de huertos que habían sido donados en 1301 por María de Molina al cabildo de la catedral.
La bula
fundacional fue concedida por el papa Nicolás V, otorgándole los mismos privilegios que al
Monasterio de Guadalupe. La primera comunidad jerónima que habitó El Parral
procedía precisamente de allí.
La Orden de
San Jerónimo nació en el siglo XIV, cuando grupos de ermitaños inspirados por
san Jerónimo decidieron organizarse bajo una regla común basada en la soledad,
el silencio y la oración.
El 15 de
octubre de 1373, el papa concedió en Aviñón la bula fundacional que permitió
levantar los primeros monasterios. El primero se erigió en Lupiana (Guadalajara). En
pocas décadas la orden llegó a contar con 25 monasterios.
Su momento
de mayor esplendor llegó con la construcción de Monasterio de El Escorial,
símbolo del poder y la espiritualidad de la monarquía hispánica.
En este
monasterio del Parral se encuentra la primera mención a la obra “La Fuente de la Gracia”, pintura
al óleo sobre tabla de roble atribuida a Jan van Eyck, y en él
conservada; actualmente depositada en el Museo del Prado.
Entre sus
obras de arte, los jerónimos del Parral poseían una granja en la falda de la
sierra de Guadarrama que, en el siglo XVIII, se transformó en el palacio
conocido como PALACIO REAL DE LA GRANJA DE SAN ILDEFONSO, (Enlace a
nuestra publicación).
Visitar
el Monasterio de Santa María del Parral es una experiencia diferente dentro de
Segovia. Aquí no encontrarás grandes multitudes como en el acueducto, sino
silencio, historia y una atmósfera casi mística.
Cuando
alcances El Parral, levanta la vista. A veces la historia no está en los
libros… está esculpida en piedra.
En conjunto,
la fachada transmite serenidad y fuerza, un equilibrio entre la austeridad
cisterciense y los detalles decorativos del gótico y renacimiento, muy característico
de la arquitectura religiosa de Segovia en el siglo XV.
La portada
principal presenta un arco apuntado y bajo el, formado por dos arcos carpaneles
unidos por un sencillo parteluz, al igual que las columnas que dan paso al
templo.
Se complementa con una ventana central de medio punto que ilumina el interior. Sobre ella, dos escudos heráldicos destacan la conexión del templo con la nobleza de la época, a la izquierda el de Diego López Pacheco, segundo marqués de Villena,...
... y a la derecha el de su mujer, Juana Enríquez.A la derecha, el campanario macizo y decorado añade un toque monumental y sirve como referencia visual desde lejos. Toda la fachada, construida en piedra arenisca local, muestra un color cálido y un encanto histórico gracias al desgaste y al musgo que ha ido acumulando con el tiempo.
Ya en el interior, el templo se cubre con elegantes bóvedas de crucería con terceletes que dibujan espectaculares formas estrelladas en el techo. La mirada se dirige de inmediato hacia el presbiterio, donde, bajo una bellísima cubierta gótica, se abren seis ventanas que inundan de luz el espacio. Estas fueron realizadas por Martín Sánchez Bonifacio y Juan Guas siguiendo el diseño que Juan Gallego trazó en 1459.
Nada más cruzar la puerta del templo del Monasterio de Santa María del Parral, el visitante entiende que este no es solo un espacio de oración. Es también un lugar de memoria. Bajo el coro construido por Juan de Ruesga (colaborador de Juan Guas) en 1494 se realizaron dos arcosolios,-arcos que albergan sepulcros abiertos en la pared,- en el de la derecha -según se entra- tan solo quedan restos arquitectónicos que pertenecerían a un sepulcro.
Junto a la
entrada del templo,-a la izquierda- en un lugar de tránsito constante, se
encuentra otro arcosolio plateresco que guarda la memoria de Aquinate de Ayllón
e Isabel de Zúñiga, miembros de la nobleza segoviana de los siglos XV-XVI. La
inscripción, tallada en piedra con grafía renacentista, identifica a los
difuntos y fija su recuerdo en el umbral mismo del espacio sagrado.
No es casual su ubicación. Enterrarse dentro de una iglesia ya era un privilegio; hacerlo a los pies, junto a la puerta tenía un profundo significado simbólico. La entrada representa el paso: del exterior al interior, de lo terrenal a lo eterno. Además, garantizaba algo esencial en la mentalidad de la época: cada persona que cruzaba el templo veía el sepulcro y, potencialmente, elevaba una oración por sus almas.
En la Castilla tardomedieval y renacentista, monasterios como El Parral eran centros de espiritualidad, pero también escenarios de legitimación social. Linajes como los Ayllón o los Zúñiga encontraban aquí un espacio donde perpetuar su nombre, integrándose en la red de prestigio asociada a la poderosa familia fundadora.
La iglesia es
de planta de cruz latina de nave única de cuatro tramos cubiertos con bóveda de
crucería, capillas laterales y coro alto a los pies, característico de las
iglesias jerónimas, prolongado por los lados de la nave, a modo de balcón en el
que se ubicaban los órganos, tan importantes en la liturgia jerónima y que
desaparecieron tras las desamortizaciones,bajo estos las hermosas
capillas a cada lado.
Está sostenido por arco carpanel y bóveda rebajada de dos tramos, el segundo el doble que el primero, de nervaduras de trazado geométrico que arrancan de ángeles que portan los blasones de Blasón de Diego López Pacheco y Juana Enríquez bajo la barandilla del coro.
Bajo este está la conocida como capilla de la Natividad, a continuación pasamos al arcosolio del lado del evangelio donde están las laudes de don Gonzalo del Río y de su esposa, doña Beatriz Álvarez, en el de la izquierda si miramos de frente, la de don Alfonso González del Espinar, consejero de los Reyes Católicos. La reja también es de madera con balaustres pintados de verde y rojo y bandas que recuerdan la escritura cúfica.
En las paredes del interior de la capilla aparecen otros cinco arcosolios de arcos rebajados y angrelados deteriorados por la humedad. En el centro del pavimento está la laude del doctor don Sancho García del Espinar, nieto del fundador, es la capilla del Descendimiento.
Continuamos hasta la capilla de la Asunción, perteneció al linaje de los Coronel-Solís, fundada por don Abraham Senior, rabino y banquero judeo-español, almojarife mayor de Castilla y administrador real, hombre de gran peso en la corte de los Reyes Católicos, que en 1492 lo apadrinaron en su conversión al cristianismo, cuando adoptó el nombre de Hernán Pérez Coronel, abuelo de María Coronel, segunda esposa de Juan Bravo, caudillo comunero, y ascendiente de Pablo Coronel, catedrático de la UNIVERSIDAD DE SALAMANCA (Enlace a nuestra publicación) y colaborador del cardenal Cisneros en la edición de la Biblia Políglota. Ambos están enterrados en la capilla. A si como Andrés Cabrera, mayordomo del rey Enrique IV, procede de esta familia conversa, casado con Beatriz de Bobadilla dama de Isabel la Católica, fueron los I marqueses de Moya. La portada es de arco rebajado dañado, de la familia. La humedad ha deteriorado los arcosolios del interior, también de rica ornamentación.
Entre la capilla, el púlpito y el pilar del crucero, hay una lauda, de pizarra y completamente desfigurada, enmarcada por moldura del siglo XVI de Francisco González de la Cuadra, enmarcada por delicadas pilastras platerescas.
Tras esta se encuentra uno de los elementos más notables del conjunto: el púlpito, fechado a finales del siglo XV.
Realizado en piedra caliza, está ricamente decorado con relieves y con el escudo del segundo Marqués de Villena. Se adorna además con una representación de “Las Virtudes” y con el escudo de los Pacheco. En él pueden contemplarse las figuras de la Justicia, la Esperanza, la Fe, la Caridad y la Prudencia, representadas como matronas sentadas que apoyan los pies sobre otras figuras tendidas; la Fe sostiene el escudo de don Diego López Pacheco.
Desde su
origen quedó vinculado a la Orden de San Jerónimo y nació con una clara
vocación nobiliaria: además de monasterio, sería panteón y símbolo de poder.
Así, cuando hoy caminamos bajo sus bóvedas estrelladas, no solo contemplamos piedra y arte. Recorremos un paisaje de memoria donde fe, poder y linaje quedaron entrelazados para siempre.
Y así llegamos al crucero con un admirable conjunto; El retablo mayor es de madera dorada y policromada, realizado por los entalladores Juan Rodríguez y Jerónimo de Pellicer, más el pintor Francisco Giralte, todos de Ávila y discípulos de Vasco de la Zarza.
Consta de tres calles, además de
otras dos anexas que enlazan con los sepulcros de los Villena, colocados a los
lados, banco, cuatro cuerpos y ático. Desarrolla un ciclo iconográfico
cristológico, con escenas de la Vida de la Virgen y de la Vida de Cristo,
completado con esculturas de evangelistas, profetas y santos. Para terminar, el
ático muestra el habitual Calvario, culminado por Dios
Padre.
Las calles
accesorias portan a los evangelistas, a la izquierda San Juan y San Marcos y a
la derecha San Lucas y San Mateo. A San Jerónimo, a San Andrés y a dos profetas
a la izquierda y el bautizo de Cristo, San Miguel y dos profetas a la derecha.
Dos
sargas de fines del s.XVI pintadas por Alonso Sanchez
Coello cuelgan
de la pared del crucero. Ambas pertenecen al Museo del Prado y están cedidas al
monasterio.
Los
comitentes de la capilla mayor fueron los primeros marqueses de Villena Juan Pacheco su esposa María de Portocarrero. Debido a su
fallecimiento antes del término de las obras fueron sepultados en
el monasterio de Guadalupe y con fecha de 1480 fueron
traídos al monasterio de El Parral y depositados en la capilla
de San Sebastián. Cuando la capilla mayor estuvo abovedada se trasladaron a la
misma y se colocaron en el centro en unos sepulcros exentos; - hoy lo recuerdan
los restos de su cenotafio,-allí permanecieron hasta el contrato realizado
entre su hijo Diego López de Pacheco y los escultores Juan Rodríguez y Lucas
Giraldo para la labra de unos nuevos sepulcros adosados al
gran retablo de la capilla.
Los sepulcros se
encuentran dentro de unos profundos arcosolios en ambos lados del
retablo mayor integrados en el mismo, con las figuras: el de doña María ocupa
la parte derecha y el de don Juan la parte de la izquierda, encontrándose los
dos representados como figuras orantes.
En el sepulcro de Juan Pacheco se aprecia en el banco la representación de Adán, Eva, las virtudes de la Esperanza, la Justicia, la Templanza, la Prudencia, y la Fortaleza en forma de mujer.
Sobre el banco del arcosolio hay la figura orante en un reclinatorio cubierto por un paño adornado con la cruz de Santiago, vestida con armadura toda decorada con grutescos. Un pequeño paje sostiene el casco y un escudo con la venera de Santiago.
El fondo del muro tiene un altorrelieve con la escena del Entierro de Cristo. En el arco de triunfo de entrada al arcosolio y en las bases de las pilastras las alegorías de la Caridad y la Fe y más arriba diversos santos y obispos en pareja; en el segundo cuerpo se encuentran dentro de hornacinas san Esteban y san Lorenzo. Todo esto coronado con una escena de Santiago Matamoros, seguramente en recuerdo de la pertenencia del marqués a la orden de Santiago.
El sepulcro de María de Portocarrero, es casi una réplica del anterior y para no romper la composición, el banco repite las mismas imágenes a excepción de la de Sansón en vez de la Fortaleza.
Lamentablemente, no queda nada de los sepulcros de don Diego López Pacheco y de su esposa, doña Juana Enríquez ni de las laudes de cobre de los restantes miembros de la familia que cubrieron el suelo de este ámbito, arrancadas y vendidas en 1838,...
...tras la exclaustración, solo perdura el de su hermana, doña Beatriz de Pacheco, condesa de Medellín en la actualidad a la izquierda de la portada y mal encastrado en el muro, a la entrada de la antesacristía,..
...en el brazo sur; se encuentra la portada que le da acceso, atribuida a Juan Guas y Egas Cueman, con un arco apuntado sobre el que se sitúa otro trilobulado y profusa decoración conformando una sinuosa traza que acoge en el centro una Entronización de la Virgen flanqueada por ángeles tenantes con los escudos del primer marqués de Villena.
La sacristía está dividida en dos tramos con cubiertas de bóvedas nervadas y paredes con ocho hornacinas de arco de medio punto. En este ámbito estaba la famosa Fuente de la Gracia de Jan van Eyck.
En cuanto a las capillas del lado de la epístola, La primera es la capilla de San Sebastián, con un sencillo arco apuntado y cubierta de terceletes. A la izquierda se sitúa el sepulcro de la familia de don Pedro Tapia, consejero de Enrique IV, un arcosolio de fines del siglo XV cobijado con un arco rebajado y otro conopial con las armas de la familia. A la derecha está la sepultura don Dionisio de Solís y a su mujer doña Felipa de Solís, costeada por sus hijas durante en la primera mitad del siglo XVI y con evidentes características renacentistas, un arco de medio punto con bustos de profetas en las enjutas y friso cabezas de putti.
Desde este espacio, sin acceso directo desde la nave de la iglesia, se pasa a la capilla de San Gregorio, propiedad del linaje del regidor Gaspar de Oquendo y su mujer, Ana Jiménez.
(F30?)
La siguiente es la capilla de la Anunciación, que perteneció al mayorazgo de los Pascual, de fines del siglo XV y que se cree que formaba parte, junto con la anterior, de la primitiva ermita, adquirida por don Sancho García del Espinar, uno de los caballeros presentes en la proclamación de la princesa Isabel como reina de Castilla.
Para terminar a los pies, nos encontramos con la capilla de la Virgen de los cuchillos, que ocupa el cuerpo bajo de la torre Tradicionalmente albergó la tabla de la Virgen de los Siete Cuchillos, una pieza de influencia flamenca o alemana que actualmente forma parte de la colección del Museo de Segovia. y que perteneció a los Brihuega.
Muestra
portada de tres paños que ocupa el ancho del tramo, el central con la entrada y
los laterales con arcosolios, los tres con arcos
rebajados trasdosados por conopiales, y sobre ella se apoya el
balcón para el órgano.
Visitar el
Monasterio del Parral es adentrarse en siglos de historia, arte
y espiritualidad. Su arquitectura responde al modelo tradicional de la
Orden de San Jerónimo, con cuatro claustros que organizaban la vida monástica.
Aunque gran parte del recinto es de clausura, todavía es posible recorrer
algunos espacios que permiten comprender su riqueza histórica.
La entrada
principal se abre en ángulo recto con la puerta de la iglesia. La portada
conduce a un pórtico de tres arcos que datan de principios del siglo XVI, que
se organiza en torno a varios claustros el de la Portería, el de la
Hospedería, el de la Botica y Principal o de las Procesiones, que combinan
estilos gótico, mudéjar y plateresco, reflejo de las distintas etapas
constructivas.
Desde allí
se accede al Claustro de la Portería a través de una puerta que conserva el
escudo de Enrique IV, gran impulsor del monasterio.
El pórtico llama la atención por la espectacular vista que ofrece del Alcázar, enmarcada por tres vanos de arcos de medio punto de sección curva. Está cubierto con una armadura renacentista que estaba en el antecoro y el estanque a los pies de los arcos es contemporáneo.
Originalmente, todo el conjunto —incluidos huertos y tierras— estaba rodeado por un muro. Hoy, la zona monástica sigue siendo de clausura y no está abierta al público.
El claustro principal o de las Procesiones es un amplio espacio al que se accede desde una estancia contigua al claustro de la Portería mediante una puerta de arco carpanel con el escudo del rey Enrique IV en su clave,
Se accede al claustro de la portería, de cuatro arcos por cada panda de igual factura que los del pórtico, por lo que se supone que se levantaron al tiempo, a principios del siglo XVI,...
...salvo
el claustro de la Portería, es el único claustro visitable y el primero que
encontramos tras el pórtico, de dimensiones reducidas, cuenta con cuatro arcos
y conserva pocos elementos originales. En su centro hay un estanque con fuente
ornamental, y en un lateral, otro curioso surtidor con forma de león donde los
visitantes pueden beber agua.
En uno de
sus accesos se encuentra un arco sencillo con la imagen de la Virgen. Aunque tanto la imagen como la puerta son modernas, la cerrajería es
original de 1643.
Desde un
pequeño jardín contiguo se obtienen magníficas vistas de Segovia y de las
ruinas del antiguo Claustro de la Hospedería (hoy en ruinas)
Mandado construir por Enrique IV, este claustro servía para alojar a los visitantes y fue utilizado por el propio monarca para reunirse con los monjes. Un incendio en 1566 lo destruyó, aunque posteriormente fue reconstruido. Sin embargo, con el paso del tiempo quedó arruinado. Hoy solo se conservan las bases de sus columnas y su espacio central, convertido en estanque.
El claustro Principal o de las Procesiones,...
...es el corazón del monasterio y el espacio más
monumental del conjunto. Se accede a él desde una sala decorada con pinturas de
monjes y un impresionante candelabro tenebrario barroco con las armas de los
jerónimos.
Tiene una doble galería arquitectónica; la galería baja, está formada por siete arcos de medio punto sobre pilares de ladrillo pintados en blanco y rojo.
En el lado norte se abre una solana junto al
campanario. En el centro se encuentra una fuente sencilla que sustituyó a una
barroca de 1618, trasladada durante la desamortización de Mendizábal.
Galería
alta. Compuesta por catorce arcos apuntados, se accede a ella por una gran
escalera. Aquí se concentran varias capillas y espacios destacados.
Como la biblioteca, instalada en 1951 en una antigua capilla, se accede a través de una portada gótica.
Otras
dependencias del claustro principal
Celda
prioral (lado sur): conserva una armadura de madera del siglo XV con escudos de
Castilla y Portugal y una pintura grisalla de San Jerónimo.
Acceso al
claustro de la Enfermería, hoy cerrado. En esta galería eran enterrados los
monjes. Más austero, con una fuente gótica octogonal y acceso directo a la
huerta.
Refectorio: cubierto con armadura de madera y púlpito, aunque ha perdido sus frescos originales.
En el claustro alto se sitúan las celdas y una capilla con la imagen original de Nuestra Señora del Parral. El espacio inferior es sobrio y en su centro se conserva una fuente gótica octogonal. Desde la planta superior se accede a la huerta.
Recorrer sus
claustros es entender cómo se articulaba la vida monástica entre oración,
estudio y comunidad, en uno de los conjuntos más interesantes de Segovia.
INFORMACIÓN RECOGIDA
DE LOS SIGUIENTES ENLACES:
https://es.wikipedia.org/wiki/Monasterio_de_Santa_Mar%C3%ADa_del_Parral
https://viajarconelarte.blogspot.com/2012/12/segovia-iii-el-monasterio-de-santa.html
https://maravillasdeespana.blogspot.com/2019/01/el-monasterio-de-santa-maria-del.html
https://ninos.kiddle.co/Monasterio_de_Santa_Mar%C3%ADa_del_Parral#Capilla_de_la_Anunciaci.C3.B3n
https://www.monestirs.cat/monst/annex/espa/calleo/segovia/cparral.htm
https://www.terranostrum.es/turismo/monasterio-santa-maria-del-parral-segovia
https://paseandoporeuropa.com/es/segovia/monasterio-el-parral
https://es.wikipedia.org/wiki/Sepulcros_de_Juan_Pacheco_y_su_esposa_Mar%C3%ADa_de_Portocarrero
https://www.fuenterrebollo.com/faqs-numismatica/marques-villena.html
VISITA OTROS SORPRENDENTES LUGARES DE
LA PROVINCIA DE SEGOVIA EN EL ENLACE.















































































