Alba de Tormes es un municipio cargado de historia. Sus orígenes se remontan a la Edad de Hierro, cuando los vacceos fundaron un gran castro conocido como Alvia. Más tarde llegarían los romanos, y después los musulmanes, dejando cada uno su huella en la evolución de la villa. La repoblación medieval corrió a cargo de los reyes de León, quienes organizaron el concejo de Alba. De hecho, el fuero de Alba de Tormes, otorgado por Alfonso VII el 4 de junio de 1140, ya menciona la existencia de una fortificación: el Alcázar Real, anterior al castillo ducal. En él residió doña Beatriz de Portugal, señora de Alba, nieta del rey Pedro I de Portugal y de la célebre Inés de Castro, conocida como “Cuello de Garza”. Beatriz contrajo matrimonio en secreto en 1409 con Pero Niño. Varios documentos confirman su presencia en la villa. Aún hoy se recuerdan sus vínculos a través del nombre de algunas calles y de los restos de la antigua muralla, integrados en el actual jardín histórico del Espolón.
La posición estratégica de Alba de Tormes, clave para vigilar el paso del Tormes, El puente actual se edificó sobre un puente romano perteneciente a un ramal de la Vía de la Plata, tradicionalmente conocido como Puente de San Jerónimo, que la convirtió en un lugar codiciado.
Integrada en el Reino de León, su proximidad a la frontera con Castilla hizo que en 1196 fuera atacada y saqueada por tropas castellanas. Como respuesta, el rey Alfonso IX impulsó una nueva repoblación y confirmó los fueros otorgados por su abuelo Alfonso VII. Durante siglos, el alfoz de Alba permaneció como señorío de realengo bajo autoridad leonesa.
A finales del siglo XIII, ya unidos los reinos de León y Castilla bajo una sola corona, Alba pasó a manos del infante Don Pedro, hijo de Alfonso X el Sabio. Más tarde, la villa sería controlada por Alfonso de la Cerda, hasta que en 1312 el rey Fernando IV la reincorporó a la Corona junto con la villa de Béjar.
Aunque uno de los monumentos más importantes es su castillo. La primera
referencia documental al castillo de Alba aparece en 1426, en un texto
firmado por Juan II de Navarra.
El gran giro en la historia de la localidad llegó en 1429, cuando el rey Juan II de Castilla entregó la villa al obispo Gutierre Álvarez de Toledo Ayala como recompensa por sus servicios. Desde entonces, Alba de Tormes quedó íntimamente ligada a la Casa de Alba. Gutierre inició una profunda renovación urbana y transformó el castillo en una fortaleza imponente. El ascenso de la familia continuó con la creación del Condado de Alba de Tormes en 1439, otorgado a Fernando Álvarez de Toledo, sobrino de Gutierre; y culminó en 1472, cuando Enrique IV elevó el señorío a Ducado de Alba, nombrando primer duque a García Álvarez de Toledo y Carrillo de Toledo.
Durante el siglo XVI, el prestigio de la Casa de Alba brilló con fuerza de la mano de Fernando Álvarez de Toledo, el célebre Gran Duque de Alba, que convirtió la villa en un foco cultural que atrajo a escritores, pensadores y poetas. Personajes como Juan del Encina, Lope de Vega, Cervantes, Calderón de la Barca, Fray José de Sigüenza o Fray Juan de Ortega recorrieron sus calles. También hubo una intensa presencia religiosa encabezada por figuras como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús.
Precisamente Teresa de Jesús fundó en 1571 el octavo convento de las Carmelitas en Alba de Tormes.
Y en Centro Teresiano-Sanjuanista.
En 1614 durante las fiestas de Beatificación de Teresa de Jesús los Duques
abrieron las puertas de su palacio para acoger en ellas a los religiosos
carmelitas que aún no tenían convento en Alba.
Y se efectuaron espectáculos taurinos, cuya tradición continua, en una plaza moderna.
La inauguración de la flamante plaza de toros cubierta de Alba de Tormes, el 12 de octubre de 2004, supuso un acontecimiento histórico para la villa ducal y un destacado suceso taurino y social. Aquel día, Juan Diego, Javier Valverde y Eduardo Gallo, que lidiaron reses de Garcigrande, en un coso que marcaba la llegada de la modernidad, al convertirse en el primer coso taurino cubierto de la provincia de Salamanca. Con un aforo para 3.500 espectadores, la nueva plaza cuenta con un ruedo de 35 metros de diámetro, corrales, ocho chiqueros y tres puertas de acceso, dedicadas a El Viti, Niño de la Capea y Julio Robles, muy relacionados con Alba. Con motivo de su estreno se interpretó por primera el pasodoble titulado Plaza de Toros Ducal.
Pero aquella inauguración fue también un adiós. La nueva plaza
sustituyó a la antigua, edificada a mediados del siglo XIX, en torno a
1852–1855, uno de los cosos más antiguos no solo de la provincia, sino también
de España. De aquella plaza primitiva se conservan hoy escasos documentos,
especialmente gráficos, lo que incrementa su valor histórico y simbólico.
La tradición taurina en Alba de Tormes, se remonta mucho más atrás en
el tiempo.
Ya en 1614, Lope de Vega dejó referencias a las corridas celebradas. En
uno de sus textos, el escritor evoca con su habitual maestría —no exenta de
dolor— la muerte de don Diego de Toledo, hermanastro del
Duque de Alba, quien cayó mortalmente herido durante una corrida
Negro era el toro y de color tiznado,
erizado de cerro y lomo altivo;
corto de pies, de manos apartado,
los ojos grandes, como el fuego vivo;
de espeso remolino coronado;
como un erizo levantando el vello,
de cuernos alto y arrugado el cuello.
A estas referencias literarias se suman las crónicas de las múltiples
festividades celebradas en Alba con motivo de la beatificación y canonización
de Santa Teresa, donde no falta la descripción del popular Toro de Fuego, tan
arraigado en la tradición local. Toda esta documentación es reflejo de un
fenómeno antiguo y profundamente popular: el de los toros en Alba de Tormes.
Así, entre memoria y modernidad, la historia taurina de la villa queda unida por siglos de celebraciones, emociones y símbolos que culminan, por ahora, en la plaza cubierta inaugurada en 2004.
Durante las
fiestas en honor a la beatificación de la Santa Teresa de Jesús, se entregó un
premio literario a un joven llamado Miguel de Cervantes Saavedra por su Canción
a los éxtasis de la Beata M. Teresa de Jesús que dice:
Aunque naciste en Ávila, se puede
decir que en Alba fue donde naciste;
pues allí nace, donde muere el justo,
Desde Alba ¡oh Madre! Al cielo te partiste,
Alba pura, hermosa, a quien sucede
el claro día del inmenso gusto.
¡Que le goce el justo
por todos los caminos
por donde Dios llevar a un alma sabe
para darla de Sí cuanto ella cabe,
y aun la ensancha, dilata y engrandece
y con amor suave
a sí y de Sí la junta y enriquece!
En 1591 llega a la Villa Lope de Vega como secretario del V Duque don Antonio a causa de su destierro de la corte. En 1593 nace su hija Antonia y en 1594 Teodora, falleciendo en el mismo año su esposa Isabel de Urbina.
Según documentación encontrada de la correspondencia entre el Gran Duque y Diego López Pacheco; Duque de Escalona, ambos nobles mantenían un pleito sobre el paso o no de Lázaro por tierras albenses en su camino hacía Toledo. El Gran Duque solicita al autor que resuelva la discusión. Según recoge Fray José de Sigüenza en su libro “Historia de la Orden de San Jerónimo” (1605) el autor de “El Lazarillo de Tormes” sería Fray Juan de Ortega que tomó el hábito en el Monasterio de los Jerónimos de Alba puesto que cuando era estudiante le encontraron un borrador del librillo escrito de su puño y letra. De todos los supuestos autores del Lazarillo parece el más probable.
Sin embargo, el esplendor de la villa se vio truncado durante la Guerra
de la Independencia. En 1809, las tropas napoleónicas tomaron el castillo
y, al retirarse en 1812, lo destruyeron. Temiendo un nuevo ataque, Julián
Sánchez “El Charro” decidió incendiar la fortaleza para evitar que los
franceses pudieran volver a atrincherarse en ella, iniciándose así un largo
proceso de ruina.
En la reorganización territorial de 1833, Alba de Tormes pasó a
formar parte de la provincia de Salamanca, dentro de la Región Leonesa. Durante
un tiempo fue cabeza de su propio partido judicial, hasta su integración
definitiva en el de Salamanca.
El legado artístico de la villa es amplio y diverso. Destacan el monasterio de las Benedictinas (siglos XIII–XVIII), el Colegio Santa Isabel (siglo XVI), el puente medieval que se alza sobre un antiguo paso romano, la ermita de la Virgen del Otero, el colegio-seminario de San Jerónimo —heredero del monasterio de San Leonardo, fundado por Alfonso VII— y la Iglesia de Santiago: fue construida en estilo románico-mudéjar a finales del siglo XI o a lo largo del XII; de pequeñas dimensiones y una sola nave, es la iglesia más antigua de la villa y fue citada en el Fuero de 1140 como lugar de reunión del concejo. De su estructura original se conserva la cabecera con arquerías ciegas trilobuladas y una destacada portada románica.
Los elementos constructivos más
relevantes se concentran en el ábside decorado por tres filas de arquerías
ciegas. Esta pequeña iglesia está protegida como Bien de Interés Cultural con
categoría de monumento desde 1996.
El edificio combina influencias cristianas y musulmanas en el uso del ladrillo y la piedra, presenta un ábside semicircular y mantiene elementos originales como la Torre del Reloj. En su interior alberga sepulcros góticos, un retablo barroco. Fue lugar de enterramiento de personajes ilustres como D. Gutierre, primer señor de la Villa; el caballero Antón Ledesma y su mujer Leonor de Pas, así como Isabel de Urbina, esposa de Lope de Vega y su hija Antonia.
O la BASÍLICA INACABADA DE SANTA TERESA. (Enlace a nuestra publicación)
Templo inconcluso de estilo neogótico.
Y, sobre todo, el CASTILLO de ALBA DE TORMES, (Enlace a nuestra publicación)
testigo de
siglos de historia.
En cuanto al monasterio de las Benedictinas, hoy convento de las dueñas, el primer edificio se levantó en el siglo XIII, extramuros de la villa. Allí vivieron, hacia 1565-1566, las monjas Mayor y María Ovalle, hermanas del cuñado de Santa Teresa, y fue educada la pequeña Beatriz de Ovalle y Ahumada, sobrina de la santa. La comunidad se trasladó al actual emplazamiento en 1769, bajo el mandato de la abadesa Benita de Oviedo, mujer culta y miembro de una de las familias más prestigiosas de la villa. Aunque el monasterio atravesó momentos difíciles durante la Guerra de la Independencia y la Desamortización, la vida religiosa pronto recuperó su vigor.
La portada de la iglesia, procedente del convento original, luce pilastras dóricas, un arco de medio punto, un friso con medallones de un guerrero y una dama, las insignias episcopales y un busto de San Benito. En enero de 2019 concluyeron importantes trabajos de restauración.
Colegio Santa Isabel
Fundado en 1951, favoreció el acceso a la educación de niñas del entorno rural mediante un internado.
Su iglesia, del siglo XVI.
Destaca por la capilla plateresca de Gaitán, con relieves de elevada calidad y sepulcros enmarcados por decoración de querubines y rosetones.
Ermita de
la Virgen del Otero
Documentada desde comienzos del siglo XVII, estaba vinculada como
anejo a la parroquia de San Andrés, registrando 18 vecinos.
Colegio-Seminario
de San Jerónimo
Situado en la vega del Tormes, ocupa el antiguo monasterio de San Leonardo, fundado por Alfonso VII en el siglo XII para monjes premostratenses. La comunidad lo abandonó en 1447, pasando entonces a los Jerónimos por iniciativa de Gutierre Álvarez de Toledo. Actualmente acoge el colegio-seminario de los Padres Reparadores.
Cruzando la calle arco,...
...llegamos a La plaza mayor, centro neurálgico en el que gira la ciudad, en ella podemos contemplar edificios de distintos momentos históricos que van desde el siglo XII al XX, desde la IGLESIA ROMÁNICA DE SAN JUAN...
... hasta los edificios de aire modernista que hacen corro entorno a la fuente, reflejo del dinamismo que siempre ha caracterizado a la villa,...






























